Notícies de Camp de Túria
Sant Antoni, L'Eliana, Bétera, Riba-roja, Pobla de Vallbona, Serra, Llíria.... - àrea d'Opinió
Opinió
Opinió
Opinió
Opinió
Opinió

Activar España por Jesús León

Cuando hablo de España, me refiero a la patria de Miguel Hernández, de Rafael Alberti, de Antonio Machado, de estos grandes poetas y de tantos relevantes hombres y mujeres que han dado lo mejor de su vida en defensa de la libertad, de la democracia, de la solidaridad, de la igualdad y de la justicia de este histórico País, capaz de las hazañas más increíbles y de los desastres más lamentables de la historia de la humanidad, por qué no decirlo también. 
 El Estado aparece como despistado, desconcertado por las iniciativas de índole territorial independentista, como si no hubiesen estado ahí presentes en la realidad cotidiana de algunas comunidades autónomas desde el comienzo de la transición democrática, cuyas reivindicaciones se pretendieron acomodar tanto con la creación del estado de las autonomías como con una ley electoral que beneficia directamente a las denominadas históricas, lo que siendo cierto, está claro que hay que acomodar también a la aún más histórica España, que también existe, si queremos solucionar el problema con equidad, sin vencedores ni vencidos.

 De todos modos, no deja de resultar inaudito que con una Constitución como la de 1978, llena de libertades y de garantías para todos. De derechos para todos, sin discriminación personal alguna posible desde el punto de vista legal para personas e instituciones, esté siendo cuestionada de manera casi sistemática últimamente. Sorprende que organizaciones políticas de corte progresista, de izquierdas, que hacen bandera de principios tan esenciales como la solidaridad, la igualdad de las personas en el ámbito nacional e internacional, que defienden los servicios públicos como la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales esenciales y el pleno empleo, todo ello recogido expresamente en este texto, con su amplia remisión complementaria a los derechos humanos, prosigan su campaña contra la Constitución como si ésta fuera la responsable de su no aplicación, y no una cuestión de la filosofía política de los partidos  que han formado los distintos gobiernos, fundamentalmente PSOE y PP., con la inestimable colaboración de CIU y PNV.  Resulta ciertamente preocupante tal actitud, pues como es notorio, el texto constitucional está ahí a disposición del partido político que sea capaz de obtener la mayoría absoluta o relativa suficiente para constituir gobierno tras la celebración de las elecciones. Por tanto, no estamos ante un problema de contenidos, sino de filosofía política del partido que gana las elecciones. 

 A partir de ahí, no se entiende bien por qué desde movimientos nuevos aparentemente progresistas como el 15M o el 25S, también planteen, la necesidad de un ciclo constituyente, precisamente, ahora con la que está cayendo sobre el conjunto del País. ¿Cómo es posible que no se aprenda de nuestra historia guerracivilista?. ¿Por qué en unos momentos en los que es necesaria la unión de las más diversas fuerzas democráticas progresistas, que estén por el mantenimiento, primero, del mini estado del bienestar que habíamos alcanzado, aunque con evidente precariedad; para a continuación, afianzar esta situación y mejorarla; en lugar de defender la Constitución para que se cumplan sus múltiples preceptos más avanzados, se dedican a combatir un texto que es la solución y no el problema?.

 La pérdida de fuerzas que supone plantear en estos momentos un proceso constituyente, es una frivolidad, cuando no un absurdo de primer orden. ¿Acaso sobran energías para combatir la formidable potencia y empuje de que disfruta hoy día a escala nacional y universal el neoliberalismo más radical?. La respuesta no puede ser sino negativa a poco que se aplique un mínimo de objetividad en la apreciación de la realidad viva de nuestro entorno.

    Otro tanto se puede afirmar de la crisis financiera y del  resquebrajamiento que se está produciendo en la UE,  que hace aguas por todos lados aunque era previsible que así sucediera, a poco que se recuerde que su construcción se hizo con un proyecto fallido, como algunas voces cuasi premonitorias hicieron público en escenarios tan relevantes como el Parlamento Español. Véase lo que en síntesis tiene expresado al respecto Julio Anguita, sobre la Unión Europea, según el acta del Congreso de los Diputados, que a los 14 años de ser escrito impresiona: “¿Se está construyendo Europa? Se está construyendo algo similar al monstruo de Frankestein que se volverá contra sus creadores. No hay construcción europea sin construcción política. ... No hay construcción europea si no hay una auténtica unión económica y ello pasa por tres requisitos básicos: 1º Un presupuesto europeo a la altura de las necesidades: paro, desequilibrios sociales y territoriales, marginación, etc.; 2º Una Hacienda europea que sirva para organizar la convergencia de las economías; 3º Una política fiscal común”. ¿A que suena esta música ahora?.

En definitiva, hoy no tenemos más remedio que partir de la dura realidad,   tras las “alegrías” políticas e irresponsables de los gobiernos que han dirigido este País desde la recuperación de la democracia. Financieramente España está en quiebra y necesita de la UE para remontar la coyuntura en la que se encuentra. Por tanto, no debemos desdeñar la ayuda que se nos pueda prestar desde Europa, a la que pertenecemos geográfica e históricamente y en la que nos hemos integrado económicamente. Ahora bien, esta ayuda no puede ser practicada en los términos en los que se está expresando Alemania con Merkel de paladín. El Gobierno de España tiene que actuar con responsabilidad, pero con la máxima dignidad y energía que nos permite nuestra importancia intrínseca dentro de la UE y de nuestra potencialidad presente y futura.

  No debemos dejarnos ningunear ni un día más. Y para ello es necesario activar dos elementos esenciales con rigor y sin titubear: 1) la aplicación de la Constitución de 1978, revitalizando la democracia, sin medias verdades que son las mayores mentiras que existen. Hacérselo ver con toda claridad y urgencia al gobierno de Rajoy, tanto en lo que respecta a las obligaciones como a los derechos de todos, sin la sistemática deriva a favor de los que más tienen que se viene observando desde hace 35 años, contraviniendo las disposiciones constitucionales de obligado cumplimiento; y 2) se debe dejar meridianamente claro a la UE que si es cierto que España la necesita; también lo es que Europa necesita a España, al menos en un alto porcentaje, y en este sentido, es necesario rectificar nuestra ineficaz, protocolaria e incluso errática política multilateral con los países hermanos de Iberoamérica, creando un contrapeso imprescindible para que nuestra actuación pueda y deba ser valorada positivamente  desde ambos extremos  geográficos, políticos y económicos.

 Nuestra incuestionable pertenencia a Europa y nuestros lazos históricos y culturales reales con los países iberoamericanos, entre los que destaca nuestra lengua común, nos lo permite. Si el gobierno del PP no es capaz de rectificar de inmediato en la dirección apuntada, una buena idea es profundizar en la plataforma sindical y ciudadano-política que se ha puesto en marcha con motivo de las últimas reivindicaciones contra los gravísimos recortes del PP, y crear con rapidez una real y democrática alternativa de gobierno que permita reconducir la política y la economía, cuya deriva ya nadie cuestiona y que amenaza con arruinarnos.

 * Jesús León.es abogado y ex diputado provincial de EUPV
* Crónica agradece al autor que comparta siempre sus artículos de opnión con nuestros lectores.
Tags:
Pulsa aquí para compartir en Facebook
O pulsa en el Me gusta de bajo para decirnos que te gusta

Publicat per

Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

No hay comentarios: