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Reivindicar la justicia social frente a la caridad, a vuelta con la donación de Amancio Ortega, por Francisco Delgado Morales

Está siendo habitual estos días el debate generado por la donación de Amancio Ortega a Cáritas. Hablamos de una cantidad importante, 20 millones de euros. Esto supone un grandísimo impulso a la fantástica labor que realiza esta entidad precisamente cuando más lo está necesitando, ahora que se encuentra desbordada por el aumento del número de usuarios consecuencia de la crisis. Visto así, no han parado de lloverle alabanzas por el gesto realizado en los medios de comunicación y en la calle, los bares y los debates entre amigos.
Sin embargo esta “donación”, y entrecomillo la expresión adrede, a mí no me parece un gesto que deba alabarse ni ponerse de ejemplo, ¡ni mucho menos! Al contrario creo que en esta acción hay muchos aspectos y dimensiones que son cuando menos discutible.
Para empezar a mi me parece que debe tenerse especialmente en cuenta el origen del dinero “donado”. No voy a irme tan lejos como diría Julio Anguita sobre el origen de la riqueza del dueño de Zara cuando afirmaba aquello de “En toda riqueza está la base del robo [...] honradamente nadie se hace multimillonario”. Sin entrar en ello hay aspectos sobre el origen de la cantidad donada que deben tenerse en cuenta. Así, si esa riqueza se fomenta sobre unos márgenes de beneficios obtenidos sobre los costes de producción pagando 178 euros al mes por 65 horas de trabajo a la semana en fábricas de Tánger o India, no es algo precisamente para sentirse orgullosos y comencemos a dudar ya algo. Si a esto le añadimos, por poner sólo un ejemplo más y no extenderme sobre los cimientos del imperio del Sr. Ortega, que el Gobierno de Brasil denuncie a Zara por usar mano de obra esclava en más de 30 talleres es para pensar sobre la verdadera naturaleza del origen de ese dinero.
Hay personas que dirán que da igual, pero yo opino que no es así. Comentaba con unos amigos que la procedencia del dinero es importante, así les preguntaba si ellos aceptarían una donación para programas sociales de dinero obtenido de la venta de los dientes de oro de los judíos asesinados por nazis en las cámaras de gas. El ejemplo es extremo, y por ello me acusaron de demagogo pero sólo buscaba esa posición para dejar claro la naturaleza del hecho en sí, que es la misma: dinero obtenido de la realización de un crimen que luego podrá destinarse a actividades del ámbito social. Sin ir más lejos podríamos encontrar otro ejemplo en la actualidad y menos extremo. Se trata de Eurovegas. Creará riqueza, sí. Pero, ¿que tipo de riqueza? La obtenida de la ruina de personas en el juego, la prostitución, mafias…¿es eso lo que queremos? ¿Con el dinero por delante vale todo? Yo desde luego digo que no. Por poner un broche humorístico, ya lo comentaban Randall y Dante con un cliente en Clerks cuando hablaban sobre los trabajadores autónomos que mueren en la Estrella de muerte en “El retorno del Jedi”: hay que hacer caso al corazón no al bolsillo…
Otro elemento a considerar de la “donación” de Ortega está en el hecho en sí, donar. Me hace mucha gracia la cantidad de, por utilizar la expresión de Zapatero, patriotas de hojalata que sacan las banderas de España con la selección o que se rasgan las vestiduras con las diferentes reivindicaciones nacionalistas que hay en el Estado pero, ay amigo, eso de tributar aquí como lo que llevan regular y tributan en el extranjero que les es más favorable. Eso de que se paguen los servicios públicos del Estado con su dinero no está en el ADN del españolito de pura cepa. Este es el caso que nos trata, según decía EL PAÍS sobre la empresa de Ortega “Zara se ahorra impuestos al facturar sus ventas en Internet desde Irlanda” que no es sino una forma de evadir impuestos. Sí, nada ilegal, todo legal pero reprochable moralmente desde el punto de vista contributivo. Posiblemente si las ventas online de Zara cotizaran en España el Estado recaudaría mucho más de esos 20 millones que ha donado Ortega. Más fácil será compararlo con un ejemplo actual: La amnistía fiscal del Gobierno de Rajoy. El Estado ingresará dinero que se destinará al gasto del mismo (en el que se encuentran gastos sociales, sanitarios o educativos) que proviene del fraude y de actividades ilegales. Es legal, sí. Es criticable moralmente, por supuesto. Así ha sido en este caso, muchas y merecidas críticas ha recibido el Gobierno por esta medida mientras Ortega sólo ha tenido halagos por su acción.
Frente a esto muchas personas dicen “con la cantidad de gente que roban a espuertas y no dan nada, al menos este da algo del botín”. Pero no. Porque ahí se encuentra el quid de la cuestión. La donación es limosna, caridad.. Porque por mucho que nos lo vendan como uno gesto solidario se trata de uno caritativo. Como dice Eduardo Galeano mientras la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba, la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo. La caridad es el instrumento que utiliza contra la pobreza el catolicismo social. Esta doctrina acepta la pobreza como algo imposible de combatir y sólo se puede paliar su sintomatología mediante la caridad y la limosna. De esta manera la base de la caridad es la arbitrariedad de la voluntad del que lo realiza, que supuestamente tiene arraigo en su moral cristiana (Ortega se ha comprado ya un trocito de cielo). Frente a eso el Estado social lucha por la redistribución de la riqueza mediante una política fiscal progresiva y justa. Caridad es lo que hizo Ortega, un acto de limosna. Que pague los impuestos que debe en España por sus ventas on line de Zara es una cuestión de justicia que se legisla mediante normativa y que le obliga a su cumplimiento por encima de su voluntad individual. Es lo que diferencia a un Estado Social, Democrático y de Derecho de un Estado Benefactor; arbitrariedad de la voluntad frente a obligación de la misma fundamentada en la justicia.
Se que no será una postura popular la que defiendo, más en los tiempos que corren. Entiendo que el dinero no se limpia por muy loable que sea el destino del mismo si su origen es dudoso moralmente, y que la caridad es un mal remiendo al drama social de la pobreza. Se que me dirán que ahora critico esta acción mientras me parecían bien las de Mercadona de Sánchez Gordillo. Quien lo vea así, no ha comprendido nada, señalas la luna y miran el dedo ¡Menos limosnas y más justicia social!

* Psicólogo de formación, activo usuario de la web 2.0 y presencia habitual en los foros sobre TICs, innovación social y nuevo liderazgo ciudadano. Desde 2007, encabeza el equipo responsable de Guadalinfo (red de 800 centros públicos de innovación social y acceso a las TIC, ubicados en la Andalucía rural y en barriadas urbanas con riesgo de exclusión social). Delgado preside además la asociación española de redes de telecentros y forma parte de la directiva de su homóloga europea.

* Crónica agradece al autor que comparta con nuestros lectores su opinión, a través de ATTAC
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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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