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Seguirán los desahucios por Beatriz Gimeno

 

No servirá de nada. La moratoria aprobada por el Gobierno para frenar los desahucios, se parece al código de buenas prácticas aprobado por el PSOE: un parche para permitir mostrar a los partidos su sensibilidad social; una oportunidad para teatralizar su cercanía a las preocupaciones de las ciudadanía. En absoluto es una reforma legal que traiga justicia a los afectados. La justicia no puede dejarse al albur de la buena voluntad de las partes o no es justicia sino caridad. La caridad depende de la buena voluntad, es una cuestión personal, la justicia no y es una obligación de las leyes.

La banca ha alzado la voz y, según nos dicen, ha presionado para que no se llegara más lejos. Y no se ha llegado lejos. Una moratoria de dos años para un número reducido de entre todas las familias afectadas, no es más que eso, una manera de poder retrasar algunos desahucios de manera que la presión social se desinfle. Aquellas familias que estén tan mal que hoy estén a punto de estar desahuciados, no van a estar mejor dentro de dos años; para ellas supone un alivio momentáneo y ojala que a algunas les sirva de verdad para encontrar la manera de revertir su situación, pero el problema persiste casi en toda su magnitud. Si aquel primer intento de buena voluntad aprobado por el Pósese redujo a eso, a mostrar buena voluntad, ahora sigue sin abordarse el problema: personas que no pueden pagar la hipoteca que un banco les dio tras hinchar artificialmente el precio de la vivienda, personas que no tienen otra casa para vivir y que se ven expulsados de su casa y con una enorme deuda pendiente. Esa es la situación de las personas a las que hay que proporcionar justicia; ¿tan importante es que tengan uno o tres hijos? Pues parece que sí, con un hijo a la calle.

La banca ha llamado la atención y ha explicado “que el sacrificio va a recaer exclusivamente sobre ella”; es una afirmación que casi duele. ¿Y sobre quién están recayendo, en exclusiva, los sacrificios para rescatar a la banca de sus malas prácticas, especulaciones peligrosas e incluso estafas? ¿Sobre quiénes están recayendo los desmanes especulativos de los bancos? Sobre la ciudadanía. Sobre esa ciudadanía que por culpa de las, como poco, malas prácticas bancarias se encuentran en la situación en la que se encuentran. . Y por cierto ¿qué es la banca? La banca son empresas cuyos propietarios son personas que han cobrado sueldos millonarios por hundir esas empresas, que los siguen cobrando y que los cobrarán mañana. La banca son empresas que han estafado a muchos de sus clientes con productos financieros que se pueden calificar de timo; son empresas compuestas por personas muy bien pagadas que han gestionado rematadamente mal sus negocios hasta conseguir quebrar dichas empresas y que cuando esto ha ocurrido han “exigido” que se les rescate con dinero público que proviene exclusivamente del sacrificio que ahora se le exige a la gente.

Cuando la ciudadanía está ya que no puede soportar más sacrificios, los partidos se asustan y el PP escenifica un remedo de solución que no es tal. Declaraciones de unos y otros, negociaciones fallidas, aspecto de mucha preocupación y, finalmente, sin que nadie haya simulado siquiera escuchar a las asociaciones que llevan años organizadas para luchar contra los desahucios y que conocen perfectamente la problemática y las necesidades de los afectados, se nos informa de que no habrá ninguna reforma importante. Los partidos, que deben tantos millones a la banca que si ésta quisiera los desahuciaba en un minuto, no pueden acordar nada que ponga en aprietos a sus propios acreedores. A cambio se intenta demostrar buena voluntad y mucha sensibilidad, sensibilidad que no falte.

El Gobierno este tira mucho de la sensibilidad. Primero se aprueba una brutal reforma laboral que permite despedir sin derechos a todo el mundo, que se convierte en una máquina de despedir y de crear paro y después la ministra Ana Pastor pide a Iberia, cuando se dispone a despedir a 4500 personas, que tenga sensibilidad y que aplique el despido como última razón. Quienes han aprobado una ley convirtiendo el despido barato en la primera y única fórmula piden sensibilidad.

Se creará un parque de viviendas, anuncia el Gobierno, con alquileres “razonables” para los desahuciados”, ha anunciado Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta dijo primero “alquileres bajos” para añadir en seguida que serían “razonables” ¿Hay algo de verdaderamente razonable en todo esto? ¿Razonable para quién? ¿Para la banca, para la idea de la justicia, razonable para quienes lo han perdido todo? ¿Y cómo de bajo tiene que ser un alquiler para una familia que no tiene nada y que aun debe 100.000 euros a un banco? Y además, quien se crea ahora que el gobierno se va a dedicar a crear un parque de viviendas con esos alquileres razonables es que aun no sabe a quién tenemos enfrente. No habrá tales viviendas o serán mínimas: esto es como las peticiones a la virgen del Rocío primero o las llamadas a la sensibilidad a los empresarios después. No son más que maneras de tratar de enfriar la olla del descontento social, maneras de intentar que el descontento no se convierta en furia ciega.

* Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)

* Crónica agradece a la autora que comparta siempre sus opiniones con nuestros lectores

 

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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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