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Elecciones griegas y economía artículo de Carles Manera

Los comicios en Grecia están generando toda suerte de comentarios y augurios, con la emisión, al mismo tiempo, de determinados órdagos –una posible salida de Grecia de la zona euro– por parte del Bundesbank y de la cancillería alemana con un nítido objetivo: generar inquietud y temor en el cuerpo electoral heleno, para evitar así un triunfo claro de la izquierda. Existen similitudes con España; pero a la vez diferencias sustanciales. Ante esto, unas ideas básicas deben subrayarse, desde la perspectiva de la economía:

  1. En el caso de Grecia, se han amplificado las políticas de austeridad más duras: condiciones estrictas a la administración pública, recortes de prestaciones y en inversiones, despidos masivos, rebajas de las pensiones, ajustes salariales, todo con el objetivo de equilibrar el déficit público, contener la deuda y, sobre todo, demostrar el castigo que debían padecer los incumplidores de los pactos financieros. Los préstamos librados a Grecia, que han compuesto su muy parcial rescate económico, la pérdida de iniciativa democrática —un caso no comparable, pero igualmente ilustrativo, fue el gobierno tecnocrático italiano, impuesto desde instancias ajenas a la democracia nacional— y las exigencias fijadas han generado movimientos sociales de protesta con resultados a veces dramáticos —suicidios, represión—.
  2. La troika está, ahora, satisfecha de las consecuencias de su cirugía gruesa: Grecia ha podido colocar, de nuevo, deuda en los mercados con ciertas garantías. Y Grecia ha conseguido, por fin, un superávit primario fiscal (es decir, un superávit puro, sin incluir costes de intereses). Esto ha sido aplaudido, otra vez, por todos los gurús neoliberales del mundo y por sus instituciones económicas; constituye para ellos una gran victoria. Pero lo que no se ha dicho suficientemente es que Grecia ha perdido ¡el 30% de su economía!, ni se advierte que su PIB se va reduciendo a una tasa superior al 3% anual, de forma que la consecuencia es clara: mayor sacrificio social y, en cuanto a los precios, estos se desmoronan y están ya en cifras negativas, cercanas al 2%. Lo que es peor: las condiciones de vida de los griegos han vuelto atrás un par de décadas. Pero, eso sí, el déficit ya cuadra y los mercados sonríen satisfechos. La adopción de estas políticas en Grecia se ha extendido, con menor virulencia, al sur de Europa. Esto tiene, además, una consecuencia letal: la fragmentación del espacio europeo. A pesar de la estabilización de los mercados por parte del BCE, el distanciamiento entre el Sur y el Norte se agrava, con elevados costes humanos y sociales en la periferia europea. Pero esa división, que parece promocionarse, constituye a su vez una seria amenaza para la integración de la euro-zona.
  3. Un ejercicio elemental de agregar, como países periféricos, a España, Grecia, Italia, Portugal e Irlanda, y centrales, a Reino Unido, Alemania y Francia, arroja unos resultados precisos: los países más ricos de Europa no solo han soportado mejor la Gran Recesión en este último sexenio, sino que, además, han experimentado un tangible avance de su PIB. A la par, la periferia se desmorona con más de un -3% de pérdida: 7 puntos porcentuales separan el norte del sur de Europa, en este esquema elemental que se ha propuesto. Pero suficientemente indicativo de quién está, de verdad, en crisis, quién la está superando y, lo que parece más pertinente, qué bases de futuro se están poniendo para encarar nuevas fases de esta inconclusa Gran Recesión. En tal sentido, el desempleo se ceba, igualmente, en el sur, con crecimientos estridentes en Grecia y España. Francia ve aumentar la desocupación, igual que el Reino Unido, pero a cotas más livianas. Mientras tanto, el paro se ha contraído en Alemania: del 8,7% en 2007 al 5,4% en 2013, una situación estadística de plena ocupación, si bien debe anotarse el efecto que tienen los minijobs en este proceso de ajuste positivo en el mercado laboral germánico.
  4. Podría argumentarse que han existido rescates a países con enormes dificultades (Grecia, Portugal, Irlanda, España), pero recuérdense los motivos centrales de esa acción: el mantenimiento de los sistemas bancarios a toda costa, en los que los intereses alemán y francés son enormes. La celeridad con la que se actuó en estos casos contrasta con la escasa capacidad presupuestaria de la Unión Europea para hacer frente a los problemas de la economía productiva y del mercado de trabajo; aquí la ralentización es remarcable, sin que existan planes similares a los observados —y puestos en funcionamiento— para las ayudas bancarias.
  5. La inconsistencia del actual proyecto europeo, si no varían las políticas económicas, se aprecia a partir de los graves problemas de las deudas soberanas de los países del sur. Esta es una óptica que algunos economistas griegos (como el equipo liderado por Costas Lapavitsas) califican como de "europeísmo crítico":

a) La austeridad, programa marcado por los dirigentes europeos y por las principales instituciones económicas. Las políticas económicas derivadas surgen de diagnósticos erráticos —rememórese tan solo un factor: la culpabilidad total que se da a la economía pública de la situación de desequilibrios económicos— y suponen un sacrificio social de primera magnitud que recorta derechos, prestaciones y salarios.

b) Reforma de la eurozona, a partir de una unión política y fiscal que, además, supusiera un cambio en las funciones del BCE, orientándolas al fomento del empleo y al crecimiento económico más que a la estabilidad de los precios. El BCE, con unos organismos específicos, tendría que coordinar la emisión de deuda de cada Estado, hecho que contribuiría a evitar las especulaciones monetarias.

c) La reestructuración de la deuda internacional, la nacionalización bancaria que asegurara los depósitos y aflojara las condiciones del crédito y un control sobre los movimientos de capital para evitar su salida y proteger así el sistema bancario del país. La intervención pública sería, al mismo tiempo, indispensable para proteger áreas clave de la estructura económica, como los transportes o la energía.

En definitiva, la obstinación en mantener a toda cosa una hoja de ruta económica severísima está provocando el efecto contrario al que, teóricamente, se persigue. Y, a su vez, las cifras sugieren una explicación razonable de por qué se inició todo el avance de los ajustes en Grecia, dada esa significación de la deuda pública; al mismo tiempo, puede deducirse que la preocupación central era –y es– España, por su mayor peso en el conjunto de la economía europea.

Por Carles Manera, catedrático de economía de la UIB y miembro de Economistas Frente a la Crisis EFC / Islas Baleares.

 
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