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La calculada ambigüedad de algunos lenguajes de Podemos artículo de Antonio Aramayona

Levantó en su día mucha esperanza de que tanta indignación mutaría en el cambio anhelado por el pueblo y en beneficio del pueblo. Ahora se mantiene esa esperanza entre un número, en aumento, de volatineros, a la vez que percibo un considerable incremento de seguidores y militantes desanimados y/o desconcertados. El Ministerio de la Verdad repite sin cesar que es la hora de la gente, pero mucha de esa gente se va enterando por los medios de comunicación que el monte solo es monte, y que cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señores del aparato. Esa gente puede votar candidaturas locales o también otras embutidas sin vaselina desde lejos, por mucho que rechazaran otrora el centralismo democrático que hoy procede del centro geográfico del país: "Madrid" o "estatal" son dos de los términos más al uso inculcados últimamente a las provincias.

El lenguaje se desliza hacia otros usos y denota otras realidades. Casta fue uno de los términos más escuchados en los orígenes, pero ahora está en desuso, pues resulta comprometido criticar aquello en lo que se ha incurrido. Declaraba recientemente el superbarón Iglesias en la ciudad inmortal de Zaragoza que en su Partido no había cabida para barones, lo cual tiene muy mucha gracia para quien no le dé mucho a la cabeza. Por lo mismo, puede caerse también en simplezas tales como que la cuestión no es el binomio izquierda-derecha, sino dictadura-democracia, o que su planteamiento no está en la izquierda, el centro o la derecha, sino "abajo", con la gente, votantes antes del PP, del PSOE o de IU.

Precisamente para que pudiera colar tanta gente en planes tan ambiciosos, insisten en que no hay que inquietar a la gente hasta que vote, por lo que se perpetra una política de maquiavélica ambigüedad calculada, a través del arte de decir aparentemente muchas cosas de grueso calibre, pero comunicar en realidad muy poca cosa, no sea que el votante se mosquee y deje de votar como debe.
De dos fuentes distintas me han llegado noticias del curso acelerado que un dirigente de postín impartió a militantes aventajados de la capital y provincias acerca de la eficacia necesaria a tener en cuenta de aquí a las elecciones hasta conseguir el objetivo último y final: ganar las elecciones generales. La tesis fundamental del antedicho curso consistió en que, siendo la verdad siempre importante, a veces hay que aparcarla, pues lo principal no radica en aclararla y explicarla, sino en persuadir y convencer al auditorio. En otras palabras, lo mismo que hace 2.500 años proponían y enseñaban en Atenas sofistas tales como Protágoras o Gorgias.

Ahora hay que votar, votar las candidaturas del Partido de la gente, aunque hace pocos meses la palabra partido era rechazada, ya que el proyecto de dejar cautiva y desarmada a la casta y conseguir los objetivos planeados superaba las obsoletas lindes de los partidos tradicionales. Tal como están y discurren las cosas, los de Claro que Podemos están dejando muy claro que está clarísimo que pueden lo que más les convenga. Y si no, que le pregunten, por ejemplo, a Pablo Echenique.

Escójase cualquier documento público del partido y se podrá constatar esta misma ambigüedad calculada en el lenguaje para no asustar al posible votante. Como simple botón de muestra, pregúntese tras la lectura de cualquier documento oficial y público cuál es la postura concreta del Partido sobre la escuela privada y concertada. La respuesta será que nada ni nadie, incluidos los adeptos a una red de enseñanza privada o concertada, se sentirán negativamente concernidos en el documento, pues los malabaristas del lenguaje son capaces de construir verdaderos monumentos a la ambigüedad calculada.

En una provincia de poca monta de cuyo nombre no quiero acordarme, a un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor no se le ocurrió otra cosa que escribir un proyecto de Programa en el ámbito educativo para cualquier partido o cualquier candidatura dentro de un mismo partido. Observó con gusto que algún que otro gigante (¿o eran molinos de viento?) había transcrito en su propio programa literalmente buena parte del programa original del hidalgo, pero ninguno de los temas que podían resultar controvertidos o molestos para una porción de sus posibles votantes: escuela privada y concertada, escuela laica, una posible red de libros de texto gratuitos oficialmente ofertados por las instituciones educativas, sujeción de todos los centros de enseñanza a las mismas leyes y normas públicas e institucionales, lenguas autóctonas, etc.

Contra los sempiternos primos de Zumosol no necesitamos otros primos de Zumosol, sino la fuerza del pueblo unido y autónomo. El antídoto frente a los eternos encantadores de serpientes es la verdad sencilla de y para la gente, y no la calculada ambigüedad de la gente del aparato. Así, solo así, se Puede y sobre todo -es, con mucho, lo más importante- se Debe.


* Antonio Aramayona es profesor de ética y filosofia en Zaragoza, forma parte de Europa laica
* Crónica agradece al autor, que siempre comparta sus opiniones con nuestros lectores
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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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