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Ni TINA, ni ZP: Tsipras no es un traidor, es un derrotado artículo de Hugo Martinez Abarca


Desde la crisis de los 70 la economía neoliberal se ha impuesto a base de "No hay alternativa" (There is no alternative, TINA). Las recetas de shock se pretendían hacer tragar no como fruto de una imposición sino como la única decisión racional posible. TINA significa que el productor de la película no escoge a la actriz que le dice la mafia porque le pongan una cabeza de caballo sino porque, aunque aparentemente no es la mejor actriz, en realidad es la única actriz capaz de hacer ese papel, que le guste al público y, finalmente, que la película obtenga una recaudación suficiente como para poder seguir produciendo películas. La cabeza de caballo no es que no haya tenido nada que ver: es que nunca existió. TINA fue la consigna que permitió a un pensador mediocre vender que habíamos llegado a El Fin de la Historia y lograr con ello un éxito editorial.
TINA, There is no alternative, no hay alternativa: fue la forma con la que nos saquearon el país a nosotros y a todos los demás. Cuando el PSOE de Felipe González empezó a privatizar, desregular, hacer reformas laborales antisociales… era porque era la única lógica real, cualquier alternativa era ruinosa. Fue la consigna empleada por los gobiernos de Aznar, Rato y Rajoy para terminar las privatizaciones y liberalizar el suelo para fabricar esa burbuja que nos ha matado que no sólo era la única posibilidad sino que fue incluso un milagro ("Yo soy el milagro", dijo el tipo).
Zapatero, en mayo de 2010, nos explicó que no había alternativa. Que no se podía vivir por encima de nuestras posibilidades, que a él le dolía mucho pero que no era una imposición de nadie sino el principio de realidad el que le dictaba lo que había que hacer. No podemos gastar más de lo que ingresamos, ninguna familia lo haría; hay que dar confianza a los mercados… no hay alternativa. No vino derrotado: vino a convencernos de esa verdad revelada en los 70.
Tsipras no ha vuelto de Bruselas defendiendo que la actriz contratada es la mejor, qué digo la mejor, la única posible. Ha vuelto explicando que le pusieron una cabeza de caballo en la cama. Y que tuvo que escoger a esa mierda de actriz, pero que es una mierda de actriz, que había otras mucho mejores para ese papel, para esa película y para la taquilla. No es TINA, sí había alternativa sólo que nos han ganado, nos han puesto una pistola en la cabeza. Nadie habrá escuchado a Tsipras decir que las recetas que le han impuesto son beneficiosas para el pueblo griego.
Puede que Tsipras haya sido un mal negociador; tampoco está claro que hubiera muchas otras formas de negociar con todos los posibles aliados internacionales con unas crisis económicas internas muy importantes y recién aparecidas: Grecia estaba radicalmente sola en el mundo y eso no es culpa de Tsipras, que bastante consiguió inquietando a Obama con su visita a Putin. Creo que eso que parecía reforzar su posición negociadora (ir con un acuerdo con la oposición) finalmente ha debilitado su posición porque no podía usar la baza de que igual Syriza se le rebelaba: daba igual dado que ND y PASOK apoyarían lo que fuera.
Puede ser que se equivocara claudicando. Quizás si se hubiera negado a firmar el Gobierno griego no tendría para pagar pensiones ni sueldos públicos pero puede que eso se pudiera reestructurar de urgencia (pensiones y salarios ajustados a sus niveles inferiores unos meses con la legitimidad del referéndum, qué sé yo). Seguro que Tsipras no ha dado con la solución ideal a una situación radicalmente compleja. Entre dos tragedias eligió una. Quizás se equivocó al escoger esa. Quizás había forma de evitar la disyuntiva. Ni lo sé ni nadie ha explicado qué forma, más allá de cuatro consignazos de manual mal estudiado.
Me reconozco inmerso en un mar de dudas, con más tristeza que certezas sobre Grecia, Tsipras y Syriza. Seguro que tanto cuñao que lo habría arreglado dando dos hostias a la Merkel sabe mejor cómo salir de una situación infernal como ésta. Confieso que yo no sé qué habría hecho y posiblemente tras la decisión que fuera hubiera dimitido para huir cuanto antes de ahí, pero habría sido eso: una huida, no ningún favor al pueblo griego ni a las opciones europeas de cambio sino por pura cobardía: seguro que por eso no valgo para presidente de un país que intenta salvar a su país de los ataques de ingentes mafiosos. Por que la situación no exige quedar bien, ni ser muy digno ni… se trata de una guerra en la que en vez de tanques usan las finanzas porque es su arma más demoledora. Y entre mis dudas está la de si mi bando, el de los pueblos, el del pueblo griego, sería más fuerte si Tsipras dimitiera: tiendo a pensar que no, por muy digna y razonable que fuera tal dimisión.
Grecia no tiene importancia para nadie más que para los griegos. La Unión Europea podía permitirse incluso que Grecia dijera que no iba a pagar ni un euro de su deuda. La deuda griega es una puta mierda en Europa y su economía apenas un 2% del PIB europeo. Lo que la euromafia no podía permitirse es el ejemplo de que se produzca una reestructuración de la deuda por interés del deudor, no también del acreedor (que de esas ha habido muchas, ¿verdad, Alemania?). Zapatero en 2010 sí podía haber amenazado a Europa. España puede quebrar la economía bancaria mundial (no ya la europea) en una negociación sobre su deuda. La deuda española, como la italiana, sí pueden amenazar a quien le ponga una cabeza de caballo en la cama. Por eso paró la espiral de prima de riesgo cuando los países amenazados ya no eran Grecia, Portugal e Irlanda sino España e Italia. Sin embargo, lejos de plantar cara como ha hecho Tsipras hasta caer derrotado, los gobiernos españoles (el del PSOE primero y el del PP después) nos quisieron convencer de que efectivamente no había alternativa, de que no es que nadie impusiera nada (la carta a Zapatero del BCE la conocimos con sus memorias con ánimo de lucro y aún así negaba que fuera un dictado), que la reforma de la constitución era democrática, que el rescate a la banca era muy ventajoso para los españoles…
No sé si somos conscientes del tamaño del golpe que recibimos las opciones de cambio europeas (singularmente las españolas) con la derrota griega. O somos capaces de responder muy pronto o será una derrota de nuestro paradigma: las derrotas internacionales a veces no llegan como tales a la población menos informada, pero llegan con mucha radicalidad, tenemos experiencia de ello. Esto es una crisis y no la de los tuits. Firmes, fraternales, leales y comprensivos. Y a la ofensiva. O estamos muertos.
Tsipras no es un traidor, es un derrotado. Es, en concreto, un compañero derrotado.
(*) Hugo Martínez Abarca es autor del blog Quien mucho abarca.

* Crónica agradece al autor poder compartir con nuestros lectores sus opiniones.
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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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