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Desbordando, con la solidaridad artículo de Beatriz Gimeno

Nos reímos de Donald Trump, pero nos reímos porque nos queda lejos y porque no deja de parecernos una excentricidad estadounidense, como esas personas que creen que la tierra es plana y que se empeñan en enseñarlo en los colegios. Puro folklore. Pero no nos reímos nada, más bien se nos hiela la sonrisa, cuando escuchamos a algunos diputados en el Parlamento Europeo llamar “basura humana” a los refugiados o cuando tenemos ocasión de analizar las políticas que está aplicando Hungría a esta crisis humanitaria. Y sin embargo, por una vez, la agenda en esta materia no la está marcando la extrema derecha. Es una novedad ilusionante. Hasta ahora, la extrema derecha ha venido marcando no sólo las políticas de inmigración, sino sobre todo los discursos públicos, las agendas incluso, de muchos partidos políticos. La penetración del discurso de extrema derecha ha sido tal que partidos en principio antirascistas han terminado compitiendo ese espacio con la extrema derecha, como es el caso, por ejemplo, del partido socialista francés.

En lo que respecta a España es cierto lo que se dice a veces de que aquí no tenemos extrema derecha porque ésta ya está en el Partido Popular. Es una extrema derecha “limpia”, perfectamente integrada en el sistema y que ha renunciado por ello a sus aspectos más vocingleros, aunque no a sus políticas. Lo que algunos políticos europeos de extrema derecha piden desde sus tribunas, lo aplica –o lo intenta- el partido popular aquí. El partido Popular no llama a nadie basura humana, que son palabras mayores; simplemente pone concertinas, se salta la legalidad en las devoluciones en caliente, mantiene los CIES en condiciones inhumanas, aprueba una ley mordaza que hasta la ONU critica y trata de convertir un problema social (cualquier problema social) en un problema de seguridad. Hace lo mismo que la extrema derecha europea: apela constantemente al miedo y a los sentimientos más primarios para cerrar así toda discusión democrática sobre las posibles injusticias sociales y sus soluciones; además del objetivo clásico de dividir a la gente más aplastada e impedir la solidaridad mutua.

Fernández Díaz es la extrema derecha del Partido Popular pasada por la parroquia, y sus discursos y sus políticas son tan duras en la cuestión de la inmigración o los refugiados que es muy difícil ponerse a más a la derecha. Quizá sólo le supere García Albiol puesto ahora a liderar al PP en Cataluña después de intentar limpiar Badalona, que finalmente, y afortunadamente, se autolimpió echándole a él de la alcaldía. Ante la crisis humanitaria de los refugiados que huyen de la guerra en Siria, hay que decir que el Partido Popular lo ha intentado. Fernández Díaz ha hecho varias declaraciones avisando de que entre los refugiados podían esconderse terroristas del ISIS y él mismo y otros miembros del gobierno han estado varias semanas insistiendo en que el problema de los refugiados era un problema de mafias que trafican con personas. Los medios de comunicación, por su parte, insistían permanentemente en historias de traficantes de personas, como si ese fuera el problema principal.

Y sin embargo, en esta ocasión, el discurso, por lo general efectivo, de los Fernández Díaz del mundo se ha visto como lo que es, miserable, y tan claro se ha visto que en el curso de una semana el gobierno ha tenido que cambiar rápidamente, y lo mismo han hecho los medios de comunicación afines, que han pasado de hablar de mafias, traficantes y terroristas, a contarnos historias humanas de gente desesperada con las que casi todo el mundo empatizaría. Es novedoso que en esta ocasión la agenda la haya marcado la solidaridad de la gente que ha desbordado por abajo las previsiones del gobierno, y ha inutilizado los discursos del miedo y de la seguridad.

Es importante tener en cuenta que han sido los llamados “Ayuntamientos del cambio” los que al defender el discurso de la solidaridad desde las propias instituciones, parecen haber abierto un hueco por el que se han hundido los discursos gubernamentales de insolidaridad y miedo y por el que ha entrado con fuerza la solidaridad de la gente; con tanta fuerza que ha conseguido acallar al gobierno. Esto es una muestra del poder de las instituciones para construir a su alrededor nuevas mayorías; porque gente solidaria siempre ha habido, mucha; organizaciones que trabajan con refugiados también. Pero siempre hemos sido la disidencia, las voces acalladas por falsas mayorías. Pero cuando los ayuntamientos de Madrid y Barcelona, así como las otras capitales gobernadas por los nuevos alcaldes, se han posicionado claramente y sin miedo por una política de desborde del gobierno…efectivamente, se les ha desbordado.

Para esto, entre otras cosas, sirve el cambio. Para hacer políticas distintas, pero también evidentemente para modificar lo que la gente piensa de esas políticas, para visibilizar que esas políticas distintas que apelan a lo mejor del ser humano y no a lo peor, son posibles. Eso al PP (y a los partidos clásicos) les da mucho miedo; y con razón. Esta crisis de los refugiados ha sido una victoria del cambio que ha modificado la correlación de fuerzas a nuestro favor. No es una victoria pequeña acoger con dignidad a los refugiados y acallar esas voces malditas que hasta ahora eran casi las únicas que se escuchaban. Estamos en el buen camino, nos queda mucho, pero avanzamos.






* Diputada de Podemos. Activista social y feminista por la diversidad sexual y por los derechos de las personas con discapacidad. Ha publicado dos libros de relatos, dos novelas, tres ensayos y dos poemarios. Escribe habitualmente en elplural.com, elciudadano.cl, pikaramagazine.com o eldiario.es, así como en otros periódicos y revistas.
* Crónica agradece a la autora su generosidad compartiendo su opinión con. Uestros lectores

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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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