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En defensa de la desobediencia artículo de Hugo Martinez Abarca

En el debate del lunes en Cataluña hubo dos posiciones sobre el cumplimiento de la ley. Por un lado, varios grupos afeaban la resolución del Parlament porque iba contra la Ley y vinculaban acatamiento de la ley y democracia: "no hay democracia sin Ley", "en una democracia no es legítimo desobedecer la ley" y cosas así. Por el otro, Artur Mas puso algunos ejemplos de derechos que no habríamos conquistado de no ser por la desobediencia: si no recuerdo mal, los ejemplos que puso fueron el voto de la mujer y el fin de la segregación racial: ambos derechos políticos, por cierto, pese a que también hay múltiples derechos sociales de los que Mas ha recortado que se consiguieron desobedeciendo.
A Inés Arrimadas eso le pareció un insulto porque España es una democracia plena y un Estado de Derecho: supongo que Ciudadanos llevará en su programa la recuperación de la mili (y sólo para varones) dado que quienes conseguimos acabar con ella lo hicimos cometiendo un delito (miles de personas nos declaramos insumisos en los 80 y sobre todo en los 90 y no pocos pasaron por la cárcel por ello). Cuando un grupo de ciudadanos (con 'c' minúscula) para un desahucio está desobedeciendo en la España del siglo XXI una norma injusta y garantizando un derecho humano, poca gente se atrevería a discutir su legitimidad de puro obvio.
Lo que hace legítima la desobediencia a una ley no es el carácter democrático o no de un Estado sino el carácter injusto de la norma que se desobedece. Que un país sea una dictadura no habilita a cruzar los semáforos en rojo ni a robar bolsos, puesto que las normas que lo prohiben son razonables y justas. Que Estados Unidos fuera entonces formalmente una democracia no hizo menos legítima la desobediencia de Rosa Parks.
Defiendo, pues, la legitimidad de la desobediencia de la legalidad cuando ésta es injusta y me solidarizo con los desobedientes, en eso consiste la dignidad de un ciudadano: eso heredamos de los ilustrados, que la libertad es el derecho a la autodeterminación de las personas que siguen a su razón no a ningún dictado contrario a la razón. Y en Cataluña hay una injusticia: ante un importante conflicto político como el que hay es un derecho del pueblo decidir democráticamente, no hay otra forma razonable (ni realista) de resolver voluntades colectivas enfrentadas.
Ocurre que la resolución del Parlament no va a desobedecer esa norma injusta sino otra norma: que el proceso que inicia culmine con un referéndum es una broma porque llegará a él con una serie de desobediencias que no tienen que ver con el ejercicio del derecho democrático sino con la construcción de una nueva legalidad que supone, de hecho, una independencia. Y que Cataluña forme parte del Estado español no es justo ni injusto como no sería justo ni injusto que construyera un Estado propio. Por donde pasen las fronteras es fruto de muchos factores históricos, pero no es justo ni injusto. Lo que es injusto es que haya pueblos que no puedan resolver democráticamente conflictos políticos.
La modificación de los límites geográficos de los Estados puede hacerse con instrumentos y por razones justas o injustas, pero la modificación en sí misma no es una cuestión moral. Por tanto, que Cataluña forme parte de España no es en sí mismo injusto (ni justo), así que emprender una "desconexión" del Estado no tiene nada que ver con la desobediencia de normas injustas: yo prefiero que no haya independencia, otros preferirán que la haya, pero ni unos ni otros lo hacemos por un criterio de Justicia. Puede que incluso haya quien considere que las consecuencias de la independencia serían la posibilidad de mayor justicia o mayor injusticia pero, por sí mismo, que en la Península Ibérica haya uno, dos o tres Estados no es ni más ni menos justo.
Personalmente apoyaría al gobierno catalán (o a cualquier otro) si desobedeciera para avanzar en democracia y en derechos y libertades. En la legislatura pasada tuvo la ocasión, cuando el Tribunal Constitucional prohibió el referéndum que había convocado el 9N: sí es injusto que no se pueda votar para resolver conflictos políticos. Evidentemente esas no son las condiciones ideales para el ejercicio del derecho a decidir, puesto que lo ideal es un acuerdo con el Estado sobre cómo es el referéndum y cómo se aplicaría el resultado para que se lleve a cabo con todas las garantías. Pero ante la negativa del gobierno español a todo tipo de diálogo que condujera a una solución justa, pacífica y democrática (que la gente vote), la desobediencia estaría claramente justificada. Sin embargo, ahí el gobierno catalán acató y pasó a apoyar una convocatoria equivalente a una recogida de firmas. Sorprende que esa desobediencia, que además de justa era mucho menos contundente, no fuera acometida y ahora nos tengamos que creer que los mismos (CDC junto a ERC) sí vayan a desobedecer en un camino mucho más complicado, pero eso es irrelevante en cuanto a legitimidad.
Además, ese referéndum sí es un derecho para cuyo ejercicio rotundamente existe base popular suficiente: que se resuelva democráticamente el problema (el territorial y todos los demás) también lo defiende Catalunya Sí Que Es Pot y, según todas las encuestas, aproximadamente el 80% de los catalanes incluidos muchos de los que votan a los partidos más numantinos. Como razonablemente explicó la CUP los días inmediatamente posteriores al 27S, si las elecciones catalanas fueron un plebiscito, éste no avalaba la puesta en marcha de un proceso de independencia. Lo cual no significa que zanjara el conflicto político.
Es una ridiculez decir que toda violación de cualquier ley es ilegítima en democracia. Pero también es una ridiculez argumentar la legitimidad de la desobediencia a leyes injustas para poner en marcha una nueva legalidad que no es más legítima si no viene de un claro mandato popular para la construcción de un nuevo Estado.
Quien se rebele y desobedezca leyes injustas sabe que se enfrentará a posibles sanciones, pero también contará con la solidaridad de los demócratas convencidos. Pero que no nos tomen el pelo ni nos falten al respeto: desobedezcan leyes que sean injustas, que la rebeldía sea en la conquista de la democracia, con todas las consecuencias.
(*) Hugo Martínez Abarca. Miembro de Convocatoria por Madrid y diputado autonómico de Podemos. Es autor del blog Quien mucho abarca.
Crónica agradece al autor poder compartir sus opiniones con nuestros lectores
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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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