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El progreso tecnológico crea más puestos de trabajo de los que destruye artículo de Eduardo Garzón

La inmensa mayoría de la gente cree que el progreso tecnológico destruye empleo. Esto es así porque es fácil percibir en determinados sectores económicos que la instalación de máquinas o robots supone automáticamente el despido de muchos trabajadores. Ya en el siglo XVIII los artesanos luditas comenzaron a destruir telares industriales por considerarlos culpables de su pérdida de trabajo. La revolución agrícola del siglo XIX también provocó la sustitución de miles de trabajadores por máquinas sembradoras fundamentalmente. En la actualidad comprobamos conmovidos cómo multitud de empleos fabriles han desaparecido debido a la progresiva mecanización y robotización de muchas instalaciones. Y la amenaza no ha terminado: los taxistas y otros conductores temen el desarrollo y generalización de los vehículos que se conducen solos, los cajeros de los supermercados rezan para que no sean sustituidos por máquinas, los guardias de seguridad están preocupados por los impresionantes avances en sistemas informáticos de vigilancia, etc.

Pero ésta es solo una cara de la moneda. Es la que se ve, la más evidente, la cara que está boca arriba; pero no podemos olvidarnos de la otra, aunque haya que esforzarse algo más para verla: la tecnología también permite que se creen nuevos puestos de trabajo.

Esto es fácil imaginarlo si comparamos la cantidad de empleos que hay en la actualidad con los que había en la época romana, por ejemplo. Informáticos, científicos, biólogos, pilotos, conductores, electricistas, astronautas, ambientalistas, brókeres, mecánicos, técnicos de telecomunicaciones, jugadores de videojuegos, etc., son profesiones que no existían en la antigüedad y que son fruto del avance tecnológico. Es evidente que en la actualidad hay muchísimos más tipos de empleos que décadas atrás.

Ahora bien, para ver si se han creado o no más puestos de trabajo lo importante no es tanto la cantidad de profesiones sino la cantidad total de trabajadores. No obstante, una fácil ojeada a los datos de la evolución de la población ya nos estaría dando alguna idea. Al fin y al cabo en nuestro planeta hay hoy 7 veces más habitantes que en el año 1800, y dos millones de personas más que hace tan sólo 25 años. En España la población actual casi triplica la de 1900, y tiene 10 millones de habitantes más que en 1980. Es decir, si la cantidad de personas en el mundo ha tenido un crecimiento exponencial y las tasas de empleo no han cambiado radicalmente, hemos de deducir que la creación de puestos de trabajo también ha seguido un crecimiento importante.

Pero dejémonos de suposiciones e intuiciones y vayamos a los datos. Para ello tenemos un interesante estudio de Deloitte que ha abordado la evolución del empleo desde 1871 hasta 2014 para el caso de Inglaterra y Gales. La conclusión del mismo es rotunda: la tecnología es una formidable máquina de creación de empleo.

Esto es así porque la destrucción de empleo originada por el avance tecnológico es compensado de sobra con la creación de otros puestos de trabajo. Concretamente, en 1992 había 24,7 millones de trabajadores en las dos regiones y en 2014 esta cifra era de 30,5 millones, de forma que el saldo había sido positivo a pesar de la mecanización y robotización de muchos procesos productivos. En el gráfico/cuadro se puede observar cómo las ocupaciones que más destrucción de empleo sufrieron son las de trabajadores del calzado y del cuero, tejedores, trabajadores del metal, mecanógrafos, secretarios, operarios, granjeros y mecánicos. En cambio, las que más creación de empleo disfrutaron son las de enfermería, profesores, educadores, consultores y analistas de negocios, informáticos, trabajadores sociales y domésticos, trabajadores del entretenimiento y de la cultura y trabajadores de las finanzas. Un simple vistazo permite ver que se creó mucho más empleo del que se destruyó
 
 
 
Los trabajos que se pierden son evidentemente los más duros, repetitivos, peligrosos y aburridos, ya que son los más susceptibles de ser realizados por una máquina o robot. En cambio, los que se ganan son los más artísticos, los más creativos y los relacionados con los cuidados, la tecnología y el conocimiento. La explicación no sólo reside en que la tecnología abre nuevas posibilidades de trabajo, sino en que también incrementa la productividad y la renta de las personas, al mismo tiempo que reduce los costes de los productos. El resultado es que la capacidad adquisitiva de los consumidores aumenta y ello permite que se produzcan más compras de bienes y servicios (antiguos y nuevos). Por eso, entre otras cosas, buena parte de las nuevas ocupaciones están relacionadas con el ocio y los cuidados. De hecho, en el estudio se pone de manifiesto que mientras que en 1871 había una peluquería o barbería por cada 1.793 ciudadanos de Inglaterra y Gales; hoy hay una por cada 287 personas; y que el número de personas empleadas en los bares se cuadruplicó entre 1951 y 2011.
En definitiva: aunque el progreso tecnológico destruya puestos de trabajo en muchos sectores económicos, crea muchos más en otros sectores. El efecto resultante es muy positivo porque no sólo incrementa la cantidad de empleo neto, sino que nos libera a los humanos de los trabajos más duros y peligrosos al mismo tiempo que nos permite disfrutar de nuevas y mejores posibilidades de ocio, cuidados, cultura y conocimiento.
 
Eduardo Garzón es economista
* Crónica agradece al autor poder compartir sus opiniones con nuestros lectores Creative Commons
 
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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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