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¿Paridad? No, gracias artículo de Vicente Gascón

Con la idea de la paridad se pretende reconquistar la igualdad de la mujer, pero realmente sólo es una obra de caridad. Pues si realmente hay igualdad, la cuestión  no es hombres o mujeres, la cuestión sería la calidad de las personas.

Tanto en las actividades culturales como en las aulas universitarias la presencia de mujeres sobrepasa la de hombres. En colegios e institutos las calificaciones medias de las mujeres superan a la de los hombres.

Algunos se atreven a afirmar que el cerebro de la mujer en diferente al del hombre (también antes afirmaban que el cerebro de los blancos era superior al de otras razas). La verdadera diferencia entre hombres y mujeres es la hormonal, la diferencia cerebral está en función del uso que se le da a este órgano, o mejor dicho, del uso que se le ha posibilitado dar a cada uno a ese órgano.

También la población local, nacional e incluso mundial, de mujeres supera a la de los hombres.

Por tanto, lo sorprendente es que no haya más mujeres ocupando puestos relevantes, cuando en base a los datos citados, lo obvio es que ocupando esos puestos hubiese más mujeres que hombres.

Es por este motivo que realmente, la paridad no hace justicia a las mujeres, más bien sirve para garantizar la posición de los hombres.

Para garantizar el buen funcionamiento de la sociedad, de las empresas y de los sistemas, las personas habrían de ocupar puestos en función de su cualificación personal, independientemente del género, raza, procedencia, edad, características físicas u orientación sexual. En general, habría que prescindir de todos esos sesgos que habitualmente se utilizan para atribuir a cada persona unas determinadas funciones, con los cuales no solamente se perjudica y discrimina específicamente a las mujeres, sino que también, tal vez sea la causa principal de que las cosas no funciones tan bien como deberían.

 No por ser hombre se es mejor y no por ser diferente se es peor. Si cada cual ocupara el puesto más adecuado a sus capacidades, cualificaciones y afinidades, podríamos mejorar en la ejecución y en los resultados. Entonces si estaríamos más próximos a una sociedad justa y sostenible.

Los sistemas basados en el dominio de los más brutos y ambiciosos, solo nos ha conducido desde los tiempos más remostos, a continuas crisis económicas, sociales, guerras, e incluso a la destrucción de nuestro medio ambiente.

Tal vez en otros momentos en los que la vida era más dura y salvaje, era preciso que los más fuertes sirviesen de motor y amparasen a los demás. Pero, y sobre todo en la época actual, es preciso que el impulso de las sociedades sea mantenido por las personas más ecuánimes y cualificadas; que además sean capaces de valorar y respetar las funciones que desempeñen todos los demás.

Y, hoy por hoy, estoy seguro de que las mujeres ocuparían un lugar muy destacado y relevante, pues son ellas las que más se están ocupando en su desarrollo humano. Pues, ya es bien sabido que los impulsos vitales a los que nos orienta la testosterona, son más bien otros  de matices más materialistas y existenciales.

Vicente Gascón García
Psicólogo especialista en sexología
Puedes conocer más sobre él en estos enlaces.
www.espaiterapeutic.com
http://espaiterapeutic.blogspot.com/
https://www.facebook.com/#!/vicentegasgar
http://esculturarteobjeto.blogspot.com.es/
* Crónica agradece al autor que comparta sus opiniones con nuestros lectores

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Àgora CT. Associació Cultural sense ànim de lucre per a promoure idees progressistes

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