Hace un par de siglos, el año 1816 no tuvo verano según cuentan las crónicas. El tiempo se alteró por una violenta erupción volcánica, explican. Napoleón languidecía en la isla de Santa Elena. Dicen que el frío, precisamente, frenó varias veces su carrera imperial. En España teníamos de vuelta al rey, Borbón, Fernando VII. Aquí también patinaron los ejércitos napoleónicos, gracias a la labores entre otros de Juan Martín Díez, El Empecinado, a quien el rey felón terminaría ajusticiando por su coherencia y dignidad. Fernando VII había derogado ya la Constitución de Cádiz y el Trienio liberal dio pasó a la Década Ominosa, con la restauración del Absolutismo. Reciente aún la Revolución Francesa, habían crecido – sobre las brasas de la libertad- los Bonaparte. Y se llegaron hasta España. La reacción popular a esa invasión, también derivaría hacia ese Borbón que fue símbolo de involución como pocos. Hay algo en la España actual que evoca de alguna manera esos tránsitos diabólicos que sacuden a esta sociedad de cuando en cuando.
En los últimos años, el hartazgo de la política, del ejercicio de la ‘Política’, de las secuelas económicas que dejaron los errores y trampas, llegó al límite. Y hubo una movilización social –marcadamente pacífica- y algo cambió. Se visualizó en los ayuntamientos nacidos en 2015 y, en estos días, en el nuevo Congreso de los Diputados. La Cámara que representa a la soberanía nacional, empieza a parecerse algo más al pueblo que la ostenta –aunque tantos lo olviden-. Pero el viejo régimen, su esencia más genuina, no se conforma. Todo lo contrario: rabia. Hasta arrojando bilis por la boca. Y, por ejemplo, convierte en tema de debate nacional el que una diputada acudiera a la sesión que inauguraba la legislatura con su hijo en brazos. Los graves problemas que aquejan a esta sociedad quedan aparcados ante tamaño acontecimiento, que ni siquiera es la primera ni la única vez que ha sucedido. Teniendo allí mismo, en el hemiciclo, a un diputado del partido del Gobierno en funciones investigado por presunta pertenencia a organización criminal en la cuestión habitual de la ‘mangancia’ y la corrupción. Los cronistas palaciegos tienen gran parte de responsabilidad en ello.
Una a manera de bonapartismo influye en la vida de Europa también ahora. El imperio buscado es económico. Y mandan afilar la tijera porque conviene a las arcas del poder y porque, aquí, las cuentas no se hicieron como cuentan que se hicieron. Que una boyante economía casa mal con deber más de un 1 billón de euros – tras su increíble y rápido engrosamiento-, y, sobre todo, con casi un 30% de pobres ya, más de 4 millones de parados, unos salarios reformados que no alcanzan a pagar las facturas de muchos trabajadores y una emigración que no ve cómo volver.
En las altas esferas de la Corte –léase en sentido prioritariamente metafórico- ocurren escenas de vodevil, si no fueran tan serias en sus resultados. Tenemos al territorio del noreste dirigido por un amplio sector que quiere independizarse y, al no tener porcentaje de votos suficiente, ha elegido un atajo que no le han dado las urnas. Hay urnas ahora, a veces se duda de si sirven cuanto debieran, por una serie de factores. El presidente saliente así lo dice: han corregido las urnas con un pacto. La nueva parte contratante firma un texto en el que se le obliga a pública confesión de sus errores, en acto de contrición; a echar a un par de personas y a prestar a dos más para que voten con el titular. Y se muestran encantados. Y tan increíble actitud no se comenta de forma especial en las crónicas de la Corte.
El Rey, en esta ocasión de forma textual, decide no recibir a la presidenta del Parlamento que inicia, con estas premisas, su desconexión a 18 meses vista. Y, tanto él como el Gobierno, despiden al presidente saliente con un cese en el BOE sin agradecerle los servicios prestados como suele suceder. Así se hizo con otros presidentes -Cospedal, Fabra, Monago- pero es de entender que estos sí prestaron servicios. De hecho, Artur Mas también, pero al final se malogró un poco.
Pendientes de la formación de gobierno en España, sin mayorías absolutas, las gacetas palaciegas eligen composición. Viejo Régimen, Napoleones, Fernandos genuinamente VII, al gusto de las campañas europeas y de sus propios intereses. Y uno de los principales cronistas de la Corte decreta quién y cómo se debe gobernar y que, si acaso, el Rey que reina pero no gobierna, gobierne. O, peor aún, influya en que el plan salga como debe, sin interferencias. Básicamente, se refieren todos ellos a Podemos y las Mareas. A la izquierda. A los que han acudido nuevos al Congreso, en bici, en ropa sencilla, rastas que espantan a la laca de los cerebros, con mochila, banda de música, o niño en brazos. No convienen. Y los tratan como intrusos, cuando son muchos de ellos los que están quedando fosilizados en las paredes. Cierto que la política no ha nacido estos días, pero que no tengan la menor duda de que si a sus señorías de siempre no les gusta lo que le ven, es porque ellos mismos se lo han buscado.
Este folklore nos pilla pendientes de un juicio por delitos fiscales –al menos- de la hermana del Rey. Y nos topamos con que la Fiscalía –la ¡Fiscalía!-, la abogacía del Estado, y Hacienda trabajan con ahínco para liberar a la infanta del proceso. Se admitieron facturas falsas. Se sabe de feos abusos –hasta utilizando a niños discapacitados para evadir dinero- por parte del marido y socio de la aludida, pero esa misma Administración de Tributos nos dice que “Hacienda somos todos”, solo era una eslogan publicitario.
Todo esto está pasando y se concatena para describir ese escenario de tapices roídos y mucha porquería, aunque lo vaporicen con perfume caro. Como ese gobierno que se apremia a formar desde fuera de la política -porque el periodismo o los empresarios no se presentan a las elecciones- y que implica retornar a Luis VI y María Antonieta, al Napoleón que llamaron temerosos de la libertad, al Fernando VII que volvió al Absolutismo o simplemente al PP de los últimos 4 años. Con apéndices Ciudadanos. Existe ese riesgo. No ganó la suma de la derecha en las urnas y, de entrada, así figura en la composición de las mesas del Congreso y el Senado. En la Cámara Alta, la decisión del PSOE de ceder una plaza al PNV (con 7 senadores) negándosela a Podemos que es la terecera fuerza allí es demasiado evidente. Los hechos desmienten la búsqueda del acuerdo que dicen ofertar los socialistas. Queda mucho por ver, sin embargo. El PSOE es un partido que juega con pistolas de ruleta rusa en su propio seno y sus errores pueden resultar dramáticos. Es quien más tiene que ganar y quién más tiene que perder.
España anda enzarzada, sin embargo, con el niño de Bescansa, las rastas, los olores, el ruido dirigido que suele utilizarse para distraer. A quienes se dejan distraer, naturalmente
La gente ha recibido bocanadas de cambio. La política real, la auténtica, sin miriñaques y pelucas. Sin el hedor de los afeites y perfumes, sin jabón. Sin las máscaras para el carnaval de intereses. Algunos ciudadanos, asustados, ya empiezan a susurrar “Vivan las Caenas”, como hicieron sus ancestros con Fernando VII, porque hay personas a las que el aire libre les da miedo. O lo harán pronto porque la maquinaria de la propaganda funciona a jornada completa. Otros temen volver a ver cómo se desvanecen las esperanzas. Muchos grados de madurez y decencia en las cúspides ayudarían.
Hubo verano el año pasado. Parecía que no habría invierno, pero ya ha llegado el frío. Puede detener y derrotar la regresión o helarnos el alma.
En los últimos años, el hartazgo de la política, del ejercicio de la ‘Política’, de las secuelas económicas que dejaron los errores y trampas, llegó al límite. Y hubo una movilización social –marcadamente pacífica- y algo cambió. Se visualizó en los ayuntamientos nacidos en 2015 y, en estos días, en el nuevo Congreso de los Diputados. La Cámara que representa a la soberanía nacional, empieza a parecerse algo más al pueblo que la ostenta –aunque tantos lo olviden-. Pero el viejo régimen, su esencia más genuina, no se conforma. Todo lo contrario: rabia. Hasta arrojando bilis por la boca. Y, por ejemplo, convierte en tema de debate nacional el que una diputada acudiera a la sesión que inauguraba la legislatura con su hijo en brazos. Los graves problemas que aquejan a esta sociedad quedan aparcados ante tamaño acontecimiento, que ni siquiera es la primera ni la única vez que ha sucedido. Teniendo allí mismo, en el hemiciclo, a un diputado del partido del Gobierno en funciones investigado por presunta pertenencia a organización criminal en la cuestión habitual de la ‘mangancia’ y la corrupción. Los cronistas palaciegos tienen gran parte de responsabilidad en ello.
Una a manera de bonapartismo influye en la vida de Europa también ahora. El imperio buscado es económico. Y mandan afilar la tijera porque conviene a las arcas del poder y porque, aquí, las cuentas no se hicieron como cuentan que se hicieron. Que una boyante economía casa mal con deber más de un 1 billón de euros – tras su increíble y rápido engrosamiento-, y, sobre todo, con casi un 30% de pobres ya, más de 4 millones de parados, unos salarios reformados que no alcanzan a pagar las facturas de muchos trabajadores y una emigración que no ve cómo volver.
En las altas esferas de la Corte –léase en sentido prioritariamente metafórico- ocurren escenas de vodevil, si no fueran tan serias en sus resultados. Tenemos al territorio del noreste dirigido por un amplio sector que quiere independizarse y, al no tener porcentaje de votos suficiente, ha elegido un atajo que no le han dado las urnas. Hay urnas ahora, a veces se duda de si sirven cuanto debieran, por una serie de factores. El presidente saliente así lo dice: han corregido las urnas con un pacto. La nueva parte contratante firma un texto en el que se le obliga a pública confesión de sus errores, en acto de contrición; a echar a un par de personas y a prestar a dos más para que voten con el titular. Y se muestran encantados. Y tan increíble actitud no se comenta de forma especial en las crónicas de la Corte.
El Rey, en esta ocasión de forma textual, decide no recibir a la presidenta del Parlamento que inicia, con estas premisas, su desconexión a 18 meses vista. Y, tanto él como el Gobierno, despiden al presidente saliente con un cese en el BOE sin agradecerle los servicios prestados como suele suceder. Así se hizo con otros presidentes -Cospedal, Fabra, Monago- pero es de entender que estos sí prestaron servicios. De hecho, Artur Mas también, pero al final se malogró un poco.
Pendientes de la formación de gobierno en España, sin mayorías absolutas, las gacetas palaciegas eligen composición. Viejo Régimen, Napoleones, Fernandos genuinamente VII, al gusto de las campañas europeas y de sus propios intereses. Y uno de los principales cronistas de la Corte decreta quién y cómo se debe gobernar y que, si acaso, el Rey que reina pero no gobierna, gobierne. O, peor aún, influya en que el plan salga como debe, sin interferencias. Básicamente, se refieren todos ellos a Podemos y las Mareas. A la izquierda. A los que han acudido nuevos al Congreso, en bici, en ropa sencilla, rastas que espantan a la laca de los cerebros, con mochila, banda de música, o niño en brazos. No convienen. Y los tratan como intrusos, cuando son muchos de ellos los que están quedando fosilizados en las paredes. Cierto que la política no ha nacido estos días, pero que no tengan la menor duda de que si a sus señorías de siempre no les gusta lo que le ven, es porque ellos mismos se lo han buscado.
Este folklore nos pilla pendientes de un juicio por delitos fiscales –al menos- de la hermana del Rey. Y nos topamos con que la Fiscalía –la ¡Fiscalía!-, la abogacía del Estado, y Hacienda trabajan con ahínco para liberar a la infanta del proceso. Se admitieron facturas falsas. Se sabe de feos abusos –hasta utilizando a niños discapacitados para evadir dinero- por parte del marido y socio de la aludida, pero esa misma Administración de Tributos nos dice que “Hacienda somos todos”, solo era una eslogan publicitario.
Todo esto está pasando y se concatena para describir ese escenario de tapices roídos y mucha porquería, aunque lo vaporicen con perfume caro. Como ese gobierno que se apremia a formar desde fuera de la política -porque el periodismo o los empresarios no se presentan a las elecciones- y que implica retornar a Luis VI y María Antonieta, al Napoleón que llamaron temerosos de la libertad, al Fernando VII que volvió al Absolutismo o simplemente al PP de los últimos 4 años. Con apéndices Ciudadanos. Existe ese riesgo. No ganó la suma de la derecha en las urnas y, de entrada, así figura en la composición de las mesas del Congreso y el Senado. En la Cámara Alta, la decisión del PSOE de ceder una plaza al PNV (con 7 senadores) negándosela a Podemos que es la terecera fuerza allí es demasiado evidente. Los hechos desmienten la búsqueda del acuerdo que dicen ofertar los socialistas. Queda mucho por ver, sin embargo. El PSOE es un partido que juega con pistolas de ruleta rusa en su propio seno y sus errores pueden resultar dramáticos. Es quien más tiene que ganar y quién más tiene que perder.
España anda enzarzada, sin embargo, con el niño de Bescansa, las rastas, los olores, el ruido dirigido que suele utilizarse para distraer. A quienes se dejan distraer, naturalmente
La gente ha recibido bocanadas de cambio. La política real, la auténtica, sin miriñaques y pelucas. Sin el hedor de los afeites y perfumes, sin jabón. Sin las máscaras para el carnaval de intereses. Algunos ciudadanos, asustados, ya empiezan a susurrar “Vivan las Caenas”, como hicieron sus ancestros con Fernando VII, porque hay personas a las que el aire libre les da miedo. O lo harán pronto porque la maquinaria de la propaganda funciona a jornada completa. Otros temen volver a ver cómo se desvanecen las esperanzas. Muchos grados de madurez y decencia en las cúspides ayudarían.
Hubo verano el año pasado. Parecía que no habría invierno, pero ya ha llegado el frío. Puede detener y derrotar la regresión o helarnos el alma.
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Constatamos a diario el profundo cambio operado en la sociedad occidental y en la española como apéndice que nos afecta específicamente. Apenas damos crédito a lo que estamos viviendo y al contraste que ofrece con momentos similares años atrás. ¿Qué ha podido ocurrirle a esta sociedad, a los gobernantes que la representan, para reaccionar como lo están haciendo? El impacto ahora son los atentados de París de hace dos semanas y la amenaza del terrorismo yihadista que, de repente, paraliza ciudades enteras como Bruselas. No nació ayer ni se gestó en tres días. Lo que sí regresa es la siembra del miedo y el recorte de libertades. Un clásico. ‘La Doctrina del Shock ‘ –brillante imagen literaria de la periodista y escritora Naomi Klein- está asestando una nueva descarga.
Pocas evidencias serán más significativas que las que enfrentan a Francia en 2003 y en 2015. Entonces, el Gobierno de París lideró la oposición a la invasión de Irak guiada –como el tiempo demostró- por los habituales intereses comerciales y de hegemonía política y basándose en mentiras: las inexistentes armas de destrucción masiva. Pero también la lucha contra el terrorismo y “el eje del mal”. Es paradójico que aquello, la guerra de Irak, fuera el germen donde creció ISIS que ahora ha atacado Paris.
El discurso en la ONU, en febrero de 2003, del político conservador Dominique De Villepin, un intelectual, escritor y poeta, ha entrado en los anales de la historia. Razonaba por qué era prioritaria la paz, desde “un país viejo, Francia, un viejo continente como el mío, Europa, que les dice hoy, que ha experimentado guerras, la ocupación y la barbarie”. Es el mismo país, un poco más viejo, el ahora liderado por dos socialistas, Françoise Hollande y Manuel Valls -funcionario el uno, político temprano con estudios de historia el otro- que han descubierto su pasión por la guerra. Aunque la venta de armas de Francia a contendientes del polvorín sirio y sus ideólogos aportara algún síntoma y, desde luego, de doble moral. Villepin, regresa con un artículo en Liberation donde titula y argumenta en detalle: “ La guerra no nos hace más fuertes, nos hace vulnerables”. “Responder con la fuerza [a Daesh] equivale a apagar fuego con un lanzallamas”, destaca.
La cercanía de las víctimas que dejó la barbarie terrorista en París, explica la conmoción –aunque sean muchos más los abatidos por la misma causa fuera de Europa-. Pero la reacción sobredimensionada de los gobiernos no hace sino aumentar la sensación de peligro y puede que la amenaza real. Nada peor que el miedo y el desconcierto para que el agresor se crezca.
Y está teniendo otras consecuencias menos evidentes que deberían hacer recelar a los ciudadanos. El Reino Unido de Cameron, en su cruzada para desmantelar la sanidad pública, NHS, argumenta para su dotación presupuestaria las mayores necesidades “en seguridad” y en Ejército –también se apunta entusiasta a la guerra-. La seguridad total no existe, pero muchos podrán empezar a morir de cualquier enfermedad con varios policías patrullando su agonía.
Cierre de fronteras, asaltos sin respetar lo más elemental, culpas indiscriminadas… récord de alzas bursátiles para las empresas de armas y políticos de mano dura que suben su cotización electoral.
Es la sociedad quien se la da. Quien al parecer optaría por vivir en una jaula –con televisión y dispositivos móviles, eso sí- con tal de que le garanticen la entelequia de la seguridad. Los gobernantes tienen, sin duda, la obligación de proporcionárnosla, sin errores, ni trampas por cierto, y respetando derechos. Pero ni aun así la inmortalidad está garantizada.
España, nuestro calvario particular, también nos alarma. En momentos críticos,la amenaza exige un gobierno con experiencia como el de Rajoy, nos clavó de propaganda TVE (sin consecuencia alguna). ¿Experiencia en qué? Dada la desvergüenza con la que el terrorismo es usado como baza electoral, convendrá recordar un hecho objetivo: el 11M se produjo con el PP en el Gobierno y Rajoy de vicepresidente. Y en ese día está otra gran diferencia de la preocupante transformación social operada. Todavía es el atentado más grave que se ha producido en Europa,y los españoles reaccionamos sin miedo y castigando la manipulación.
Por cierto, nadie nos ha explicado la mutación del Pacto Antiterrorista aprobado en febrero por PP y PSOE en Pacto Antiyihadista. Ni que se hayan evaporado las reticencias dentro del partido socialista y el frontal rechazo del resto de la oposición por su merma de libertades y derechos para todos. Ni que sea ahora “esencial” suscribirlo bajo amenaza de excomunión del club de los responsables, dando por hecho que bombardear es el único camino.
El problema es más complejo. Exigíamos, el 15M, con más del 80% de aceptación popular, “no ser mercancía en manos de políticos y banqueros”, y ahora , según las encuestas, les vamos a dar un cheque en blanco por 4 años. Para las sobras que hayan quedado. Se tragan recortes, mentiras, la más hedionda corrupción. Sabemos que hay mucho corrupto vocacional en España pero ni siquiera eso lo explicaría.
Cuesta también entender a un país que vivió un golpe de Estado, una guerra civil de 3 años, y 40 más de dictadura que siguió matando, con miles de muertos aún por las cunetas, con las heridas incurables de tal atrocidad, vivir semejante festín de franquismo en el aniversario de la muerte de su héroe. Con total permisividad. Y tanto o más -por lo que implica acerca de nuestro futuro- la ofensiva banalidad con la que el candidato sepia, Albert Rivera, y sus Ciudadanos equiparan a “rojos y azules”en busca de no sé qué tiempo nuevo, a edificar, sí, pero sobre bases de mayor respeto, entidad y cordura.
¿Qué nos ha pasado a todos? nos preguntamos. Los que lo hacemos, porque hay miles aposentados en su recreo enjaulado pensando solo en seguir jugando.
La nueva crisis de las muchas que nos han sacudido parte (2007) de una debacle alimentaria provocada por la especulación, con incremento brutal del precio de los alimentos básicos en grandes regiones del planeta, y de un alza desmesurada del petróleo. Con las guerras, las variantes habituales. Puede que la mayor diferencia con ocasiones anteriores sea la comunicación masiva. Los mensajes que distribuye la prensa adoctrinada. El mundo feliz de Huxley o el infeliz que solo encuentra amparo en un Gran Hermano protector y controlador. “Os exprimiremos hasta la saciedad y luego os llenaremos con nuestra propia esencia”, escribía George Orwell en su libro ‘1984’. Primero hay que dejar espacio con la electroconvulsión, con una sacudida tras otra. Se ha abierto la veda, como ya comentamos, para desenmascarar a los periodistas cortesanos, pero ahí siguen impertérritos. Lo que empieza a calar al menos es el papel determinante de muchos medios convencionales en cuanto nos ocurre.
Están llegando a conminar para que España vaya a la guerra, como hace el diario El País (sin contar a los periódicos conservadores habituales). Al tiempo de colocar en portada de la web y con foto de Pablo Iglesias el clásico de ‘la Caverna’ de vincular con ETA a quien no secunde sus ansias belicistas y por boca de una víctima del terrorismo de ETA. Los candidatos de la prensa, de cada televisión, están claros. ¿Quién compite con semejante aparato para que todo siga igual y cumpliendo determinados objetivos?
Pero la sociedad no es inocente. Cada persona adulta dispone de cerebro y, con él, de sentimientos y ética, aunque intente acallarlos. De una familia o de un colectivo ante el que responder. Capacidad de elegir, al menos en algún grado.
Vivimos un momento similar al que siguió al 11S, gestionado por el peor presidente de los EEUU, George Bush. El que recortó libertades, el que arruinaría las arcas de su país. La máquina del shock, encendida, trabaja de nuevo sin descanso ¿Dónde están los franceses que buscaban la playa bajo los adoquines? ¿Dónde los españoles hartos de latrocinios, abusos y fomento de la desigualdad? ¿Cómo es posible que el PP pueda ser el partido más votado y con Mariano Rajoy de cabeza de lista, en quien no tiene “ninguna confianza” más de la mitad de los españoles y poca casi el 30%? ¿El que se burla de todos nosotros al huir de los debates yendo al mismo tiempo a programas fáciles de entretenimiento? ¿Cómo es posible? ¿O la otra derecha presentada por los vendedores clónicos mejor entrenados para la misión? No es fácil el panorama electoral pero menos es la vida que por esta senda nos espera.
En la navidad de 1969, Franco dijo en su mensaje de fin de año a los españoles concluido su programa de sucesión y reformas de leyes: “Todo está atado y bien atado”. Se ha demostrado cierto. Y no sólo en España. Y aquí estamos, sujetos a la camilla. para recibir cuantas descargas consideren convenientes. Unos contentos, otros tratando de zafarnos. Sabemos que cualquier lazo es susceptible de ser desanudado. De no hacerlo, como siempre nos dará otra vuelta más. Y que la electroconvulsión llega a abrasar el cerebro y la dignidad.
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La Cámara de los Lores británica acaba de tumbar una ley del gobierno conservador de David Cameron que, según cuenta la periodista Soledad Gallego-Díaz, “supone reducir sustancialmente las ayudas que reciben las familias más modestas. Los lores creen que no hay nada más importante que el debate sobre la aplastante desigualdad que padece el Reino Unido, hasta el extremo de hacer algo de lo que no se recuerda precedente histórico: oponerse a una ley aprobada por los Comunes”.
El Instituto de Estudios Fiscales del Reino Unido cuantifica en 1.000 libras la pérdida de ingresos de tres millones de británicos con la medida que proponía el gobierno Tory. Iba a comenzar a aplicarse en diciembre. Ahora no se anula pero se va a retrasar la entrada en vigor 3 años, tiempo en el que ya se habrán celebrado nuevas elecciones. Una suspensión en la práctica.
Algunos observadores temen que David Cameron reduzca el poder de la Cámara Alta británica, como respuesta, o que introduzca nuevos miembros conservadores de su cuerda, según NewStatesman o The Independent.
Lo cierto es que entre los propios conservadores británicos cunde la alarma por los drásticos recortes que está aplicando Cameron cuando se ha visto con mayoría absoluta. Piensan en los electores, en sus votos muchos de ellos, pero bueno es que alguien se ocupe de ellos y no de los intereses empresariales que los utilizan.
También la Iglesia anglicana ha intervenido. Para el obispo de Portsmouth, el reverendo Christopher Foster, la medida era “moralmente indefendible”. El de York dijo que era dejar a las familias “en manos de usureros”. Así lo recoge también The Independent.
Recordemos que el Tribunal Constitucional de Portugal tumbó en su día recortes abusivos de Passos Coelho, ese presidente conservador a quien el presidente de la República de su mismo partido, Anibal Cavaco Silva, quiere mantener en el cargo aunque los ciudadanos no le han dado la mayoría en las elecciones.
Las reacciones de esta feroz Europa azul ya vemos por dónde van. Recortar poderes o manipular resultados.
Lo cierto es que produce una extraña emoción, teñida de dolor, ver que en algunos países los ciudadanos tienen quienes les defiendan, con el poder de lograr medidas efectivas. Los propios conservadores que no forman una piña de intereses y la iglesia en Gran Bretaña. Los tribunales independientes, en su día, en Portugal. Que la separación de poderes existe todavía.
¿Y todos nuestros prebostes qué hacen? Es hora más que sobrada de cambiarlos.
Rosa Maria Artal es periodista y escritora, autora de lbiros
como 'Salmones contra Percebes', suele manifestar su opinión en
su blog ElPeriscopio
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Por primera vez, un gobierno que aplica duramente la austeridad es avalado en las urnas. Cómo triunfar pese a usar una afilada tijera. Los servidores del sistema, de que todo siga igual (de fétido), se felicitan hoy por el triunfo del conservador Passos Coelho en Portugal. O eso dicen. Rajoy toma nota en Moncloa. En momentos críticos es mejor buscar la estabilidad, el camino ya hecho, que probar aventuras.
Lo cierto es que ha habido un 43% de abstención. Y que, de los votos válidos, la coalición de derechas que lideraba Passos Coelho ha obtenido un 36,8%. La mayoría está en 45%. Y la izquierda -o presunta izquierda- ha conseguido el 50%.
El Partido Socialista, que lidera ahora el ex alcalde de Lisboa Antonio Costa, ha sacado el 32%. El Bloque de Izquierdas supera a los Comunistas, y todos ellos se llevan a matar. Dejarán gobernar a Passos Coelho hasta que quieran y presionado. El triunfo que gusta a Bruselas y, en España, a los servidores de Rajoy y su PP, Ciudadanos y PSOE, es un tanto relativo y amargo.
Ocurre que el ex presidente socialista José Sócrates se ha pasado buena parte del año en la cárcel por lo que llaman presunta corrupción. Le pillaron en desvegonzado pringue y concomitancias con banqueros disolutos.
Portugal nos aporta pues una primera lección: los políticos corruptos van a la cárcel y a juicio. No sólo todos o casi todos sus empleados como tesoreros.
Una segunda: la sociedad castiga la corrupción. Y la palma se la habían llevado ahora los socialistas. Puestos a que te expriman y además te roben, elijamos a quienes menos te saqueen porque además es mucho más digno, deben pensar. No es fácil la elección entre malo y peor.
Una tercera: En España el pack viene completo con el PP: tijera y corrupción. Con el PP y sus fieles colaboradores en los medios. A los españoles se las exala el líquido claro y transparente que segregan las glándulas sudoríparas de la piel de los mamíferos y cuya composición química es parecida a la de la orina. Luego ya acabaremos -más- como en México o Egipto, pero mientras tanto se ve la tele y el fútbol y se odia a quién manden, y apañado.
Recortes, privatizaciones y subidas de impuestos que en Portugal intentó tumbar el Tribunal Constitucional, funcionando… como un Tribunal al servicio del pueblo y la justicia. Ved aquí, en el apartado 5, cómo funciona la justicia constitucional en Portugal. Paro, descenso del PIB, emigración es el balance de Passos Coelho. Y la promesa de que ahora vienen más recortes y "ajustes". El austericido es una senda sin final. No es cierto que llevemos un camino andado en alguna solución que revertirá y volverán los días de gloria. Eso solo es para ellos.
Portugal siempre nos precede. Con matices como vemos. Y muy notables y aleccionadores.
Algunas voces (en España) ya hablan de que la solución pasaría por una Gran Coalición entre conservadores y socialistas. Es lo que desean los poderes económicos. En Portugal, en España y en cualquier lugar en el que se dude de su hegemonía. De que esa condena es de cadena perpetua. Ni un momento de vacilación, están ahí para "orientarnos".
Pude constatar el deterioro de la vida en Portugal en un inolvidable viaje hace un par de años, gracias a Pilar del Río y de Saramago. Pensar, existir, no existir, no pensar, un amargo humor titulaba edificios en sutil protesta. Es difícil pensar con tanto ruido. Es díficil existir con tanta trampa.
Rúa da Trinidad, 18, Lisboa, Portugal
Rosa Maria Artal es periodista y escritora, autora de lbiros como 'Salmones contra Percebes', suele manifestar su opinión en su blog ElPeriscopio
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El 80% de los catedráticos de universidad son hombres, aunque es mayor el número de licenciadas que de licenciados. Más del 70% de los periodistas somos mujeres y ninguna dirige o ha dirigido un periódico de tirada nacional y son escasas las jefas de sección. Los consejos de administración de bancos y grandes empresas siguen ocupados por una mayoría abrumadora de hombres. En este punto compartimos honor con el resto del mundo. Salvo en Noruega que cuenta con un 42% de mujeres en los órganos de dirección de las empresas, la media europea es del 11%. La foto del poder nos muestra siempre a un grupo de hombres con traje rigurosamente oscuro.
A este panorama ya conocido y sedimentado, se añade en España un intenso recrudecimiento del machismo. Han vuelto los culos a toda pantalla –se diría que hasta para vender estufas o gorros de playa– como síntoma del regreso de la barra libre para usar y minimizar a la mujer. En las recientes elecciones al Parlament de Catalunya el número de mujeres se ha reducido al 38,5%, desde un 40% que tampoco era para tirar cohetes.
A quien se atreva a señalar los privilegios del machismo y defender la igualdad que busca el feminismo le caen insultos y hasta amenazas, como le ocurre a la colaboradora de eldiario.es que firma como Barbijaputa. La visceralidad en este punto, la agresividad, evidencia que mantener la discriminación por razón de presunta superioridad, se sitúa entre lo más sagrado o valioso. Tenemos un problema, va en aumento, a velocidad acelerada, y hay que hablarlo.
La crisis económica y la involución ideológica que vivimos se ha traducido en un aumento de la desigualdad en todos los niveles y explica este aumento del machismo, de esa brecha de género. En él, los medios de comunicación juegan un papel decisivo como vehículo que, a la vez, potencia el modelo.
Aquellos maridos de la publicidad en blanco y negro arrellanados en el sofá que decidían sobre lavadoras cuando ni pensaban darle en toda su vida al botón del encendido siguieron en activo mucho más tiempo del que creemos. Hasta hace apenas dos décadas continuaban siendo voces masculinas las que aconsejaban en los anuncios las bondades de cualquier producto. Invariablemente. La voz de la autoridad en todas las materias. Cuando ya dejaron piar a las mujeres, la publicidad continuó reforzando los papeles tradicionales de uno y otro: el hombre triunfador y la mujer complementaria. El que, en casa, intenta "ayudar" a su compañera. La mujer, joven y muy delgada, incluso para, cuando toca ese perfil, mostrar el culo –cada día más huesudo– en pantalla. Últimamente también usan los de los hombres como señuelo, si se puede igualar a la baja no se plantean dudas.
Con más de un 70% de periodistas y más de un 60% de licenciadas en distintas especialidades, han regresado las tertulias y debates pobladas de hombres y nada más que hombres. En esa progresión sin pausa desde hace tiempo, durante la noche electoral catalana no había ni una mujer en la mesa de La Sexta y Antena 3. Presentadoras o políticas, sí; como comentaristas no. También viene de lejos.
La opinión fue cosa de hombres hasta hace muy poco tiempo. Con una desproporción descomunal. Prácticamente solo Maruja Torres, Soledad Gallego-Díaz, Rosa Montero, con Julia Otero manteniendo el tipo en la radio, y muy pocas más, lograron el derecho a escribir de "asuntos serios". Porque en cuanto te daban la oportunidad –ese raro lujo que ciertamente pocas disfrutaban y disfrutan- y te salías del temario "igualdad hombre/mujer", "la edad" o similares, venían los retrasos en la publicación, hasta llegar al fin de las colaboraciones.
Y en cierto modo sigue la tendencia. Columnas enteras de solo hombres, con opiniones sin duda valiosas, aunque cuesta creer que sean casi los únicos que pueden aportar ideas. Incluso este diario que incorpora un número infrecuente de mujeres ofrece a veces esa desproporción. En otros medios el porcentaje femenino no debe llegar ni al 5%.
Cuando se trata de aportar argumentos en reportajes y noticias, si hay un hombre disponible para entrevistar siempre es preferido. La discriminación lo es a favor del hombre. Con excepciones: si se habla de la educación de los niños o de salud, belleza y moda, ahí sí encuentran que hay más mujeres "expertas". ¿Cuántas economistas salen a opinar con pizarra o sin pizarra? ¿Cuántas investigadoras, abogadas o juezas?
Había comenzado a cambiar. La Ley de Igualdad efectiva entre mujeres y hombresde Zapatero en 2007 –tan vapuleada por la derecha-, su trabajo en ese sentido desde el primer día, tuvo alguna influencia, como ha sucedido en otros países (Noruega, por ejemplo). Trajo no solo un mayor número de mujeres a órganos de decisión, sino que se aceptara su presencia. Una pica en Flandes hablando de España. Eran, además, mujeres; fuera del modelo tradicional de políticas con testosterona. Como reacción, nacieron también las "feminazis", el término que regaló a las mujeres defensoras de la equidad el afamado escritor Arturo Pérez Reverte. Pero hemos vuelto atrás y el machismo gana de nuevo la partida.
Está pasando factura. Si cualquier colectivo tuviera en su seno un balance de 700 personas asesinadas en la última década, como ocurre con las mujeres, se hubiera paralizado el país.
Cada vez son más las noticias y estudios que alertan sobre el agravamiento de las actitudes machistas incluso desde la adolescencia. El control de la pareja, el imponerle con quién puede hablar o qué puede hacer, impedir que vea a sus amigas, son ya prácticas frecuentes. Las chicas tienden a revisar el móvil de ellos más que al revés, aunque lo están haciendo en un gran número todos ellos. Las agresiones tampoco faltan. La creencia de que todo esto ocurre porque "las quieren". En una reciente encuesta, el 59,4% de los adolescentes consultados pensaban que "el chico debe proteger a su chica". Y que ellos tienen más necesidad de sexo. Han retornado hasta las "chicas duras", frente a las "fáciles".
Estos jóvenes están evidenciando una desoladora inseguridad, un peligrosísimo desconcierto, fruto de la crisis social que padecemos. De la debacle social que se enmascara entre globos de colores. Y en la que hombres y mujeres parecen mirar hacia otro lado obviando problemas de enorme envergadura que les afectan y marcarán su vida.
Soy de quienes se empecinan en pensar que las mujeres somos personas. Y que si una mujer está en el poder obrará como ella sea, porque tan mujeres son Ada Colau y Manuela Carmena, como Esperanza Aguirre y Dolores Cospedal y con eso está dicho todo. Pero las mujeres somos algo más de la mitad de la población. Mayoría, en numerosas especialidades ya. Se está ofreciendo un mundo parcial y mutilado. Y tenemos derecho a toda la voz que nos corresponde y a todos los derechos inherentes al ser humano.
Tenían el susto metido en el cuerpo al punto de sacar a la palestra ex presidentes, premios nobel o atareados directores de medios de información. Pero los resultados de las elecciones catalanas les han dado un respiro. Hondo. Se trata ahora de minimizar el independentismo que crece en cada consulta, y de jugar bien las piezas del nuevo tablero. Y en él, 734.910 catalanes que ni muertos querían ni independentismo… ni PP, alientan a quienes tanto se juegan si se produce el mínimo cambio. A esos pocos que anteponen sus intereses a cualquier otra consideración.
Por esos casi 735.00 votos que han convertido al partido de Albert Rivera en la segunda fuerza política de Catalunya (no, aún, de España), portadas, editoriales, artículos, se vuelcan en la Operación Ciudadanos Ültimo Asalto. Se les había debilitado en los últimos tiempos, pero no hay sino una buena guerra de banderas para que las aguas se encaucen.
A modo de ejemplo, La Razón. El naranja tendrá que decidir entre rojos y azules, dice. Observemos que habla de España porque en Catalunya el PSOE tiene poco que ventilar -sigue cayendo en apoyos-. Que da por hecho que los resultados allí se extrapolarán al Estado, es decir, que el trabajo mediático/político dará los frutos apetecidos (algo cierto si no se está prevenido y puede que incluso estándolo dado el poder de esta maquinaría tan bien engrasada). Y así el naranja "tendrá" que decidir, nada como los verbos contundentes. Y lo más divertido: llama "rojo" al PSOE.
Nótese también la sobriedad responsable de Rivera y Arrimadas en esta imagen tan alejada de la que dejaron la noche electoral en la que parecía que habían ganado el Mundial de Fútbol o la Convención de Delegados de Microsoft. Mi "religión" periodística me impide pinchar artículos de ciertos medios, pero es reseñable también el alborozo de la ultracaverna con estos Ciudadanos tan de derechas y tan españoles. El "Yo soy español, español" que corearon, o el "España unida jamás será vencida" les llegó al alma.
Del cúmulo de algarabías y consejos –el respiro de El País es notable- quién más claramente da detalles de la Operación es este artículo de El Mundo. Plagado de claves. Es la hoja de ruta en realidad.
"En los cuarteles de las grandes empresas del Ibex pulsados por este diario hay preocupación por la difícil gobernabilidad de Cataluña, un motor económico importante para España, pero, a la espera de que se despeje esa incertidumbre, se centraron en ver ventajas al resultado.
Por un lado, gusta la perspectiva de que sea Ciudadanos y no Podemos la fuerza bisagra en las elecciones generales. "No hay que engañarse, la principal preocupación es que el nuevo Gobierno español a partir del año que viene esté formado de algún modo por PSOE y Podemos y ahora la combinación puede ser de los socialistas con Ciudadanos", afirma un alto ejecutivo de uno de los principales bancos del país. Los escenarios, en su opinión, mejoran, porque si la próxima legislatura es Mariano Rajoy con Albert Rivera o Pedro Sánchez con el líder de Ciudadanos, implicará que no haya ningún cambio fundamental en la actual política económica y se mantendrá un crecimiento en torno al 3% en los próximos cuatro años. "El PP va a tener que trabajar mucho si quiere ganar", señala un miembro del influyente Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC). Sánchez percibe las dudas que existen en el Ibex con Rajoy y por eso, entre otros factores, intenta centrar su discurso. Ayer cargó contra la CUP por "antisistema" y pidió "gobiernos transversales".
El presidente de Telefónica y del CEC, César Alierta, no oculta su buena relación con Rajoy, pero también elogia que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, no se apoye en Podemos".
El artículo completo aquí. Tan diáfano sobre lo que quiere el IBEX y las grandes empresas en general. Los movimientos y amenazas que despliegan. Se han tranquilizado. Esta frase es la clave:
"Si la próxima legislatura es Mariano Rajoy con Albert Rivera o Pedro Sánchez con el líder de Ciudadanos, implicará que no haya ningún cambio fundamental en la actual política económica".
Y, ellos, ganarán. El crecimiento es de ellos, ya se ve el resto. Y encima ni tributan lo que deben, dado su apego por los paraísos fiscales. De hecho juegan con nuestras vidas, las vidas de la mayoría, ya sin ningún pudor. Los resultados en Catalunya no tendrían que ver con los de las generales dado que el indepentismo allí es elemento decisivo, pero la Operación Ciudadanos juega a la profecía autocumplida. He leído comentarios "emocionados" con la fiesta electoral de Ciudadanos que a tantos nos puso los pelos de punta.
Los movimientos que se están viendo son muy claros por otro lado. Susana Díaz, la poderosa presidenta andaluza, se marcó un vídeo con Feijoó por la unidad de España. Iceta que ha visto desteñirse el cinturón rojo de Barcelona mientras bailaba con gracia sin parar quiere hablar con Ciudadanos. Y Pedro Sánchez, tan pragmático, también abre puertas.
La Operación Ciudadanos Último Asalto se basa -lo estamos viendo- en minimizar a Podemos, y por el momento parece que con su entusiasta colaboración. Sonoro batacazo en las elecciones catalanas y escaso realismo para entenderlo y afrontarlo, al menos por el momento. La izquierda exquisita, entretanto, no cesa de seguir poniendo palos en las ruedas ahora que atisba mayor ocasión. Véase un ejemplo entre muchos. Como en los viejos tiempos mejor la derecha más dura que el colega rival.
El panorama es muy preocupante. En ese ejemplar catálogo que nos ha brindado El Mundo sobre la Operación Ciudadanos Último Asalto de la que participan muchos más poderes, lo dicen: se trata de que nada cambie en lo sustancial. PSOE-Ciudadanos o viceversa, quizás Rajoy o alguien del PP, sube Cifuentes que está en la misma línea… estética y mental. Como escribe Barbijaputa de Inés Arrimadas, todos son como ella: blanca, delgada, vestida de marca y bien parecida. Y existe la duda de que haya obesos, feos o minusvalidos en la "nueva" política que representa Ciudadanos.
Una operació de marketing para que nada cambie. Cuidado, muchísimo cuidado con las "perfecciones" estéticas sin mirar qué hay dentro.
Rosa Maria Artal es periodista y escritora, autora de lbiros
como 'Salmones contra Percebes', suele manifestar su opinión
en su blog ElPeriscopio
* Crónica agradece poder compartir sus opiniones con nuestros lectores
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Tsipras ya va en silla de ruedas. Mientras el neonazismo de Amanecer Dorado recibe un complejo revitalizante: crece, como era de esperar, lo que no incomoda al mando neoliberal de Bruselas, visto lo visto.
Nos lo dicen todos los días incontables veces: no hay alternativa. La política real se impone a ensoñaciones y "populismos". De Grecia a Alemania, de Siria a Hungría, de Catalunya a España, el camino está trazado sin escape posible. Alguno va más allá y admite ligeras disfunciones en la propuesta. Como una tribuna en El País de su serie "Aniquilar a Podemos" que hablando de los retos de la Transición afirmó: "No siempre decentes pero inexorables", resumiendo en 5 palabras el tratado de lo que entienden por Política Real.
Acaba de cumplirse el octavo aniversario del inicio oficial de la crisis: la caída del gigante Lehman Brothers a la que siguió el desmoronamiento de las torres del capitalismo como en un castillo de naipes. Histórica fecha a partir de la cual nos "refundaron" a los ciudadanos para que pagásemos los platos rotos de sus errores y abusos. Es la política real. Ésa que se permite, sin que nadie clame,rebajar la nota de Madrid porque osa auditar la deuda que dejó la anterior corporación del PP. A bono basura dice que la mandará S&P el diario La Razón. Y sin molestarse en que "parezca un accidente".
Su "política real" ha disparado el aumento de las desigualdades. Con el PP, el riesgo de pobreza infantil en España pasa del 24% al 36%, en cifras cautas de UNICEF (las hay más alarmantes todavía). Ya tenemos 3 millones de pobres y se ha duplicado el número de multimillonarios, insiste Intermón Oxfam. Más de la mitad de los españoles no llega a fin de mes con sus ingresos. El 80% de los abuelos ha de ayudar a la manutención de sus hijos y nietos. Política real; la real, no la que maquillan.
Y es que gran parte de los medios de comunicación versionan la verdad o la ocultan de acuerdo a intereses muy precisos. Las deudas, además de las simpatías, cambian periodismo por propaganda o distracción de objetivos, privando a los ciudadanos de su derecho a la información. Ha estallado incluso la censura anoticias inconvenientes al poder, al PP, y no escuchamos ni a las asociaciones de periodistas tan sensibles cuando se siente atacado su corporativismo.
Lo que llaman política real está permitiendo que el PP utilice su mayoría absoluta para cambiar sustancialmente las leyes. Tras las reformas que han convertido a España en una de los países más autoritarios de Europa, culminan con el cambio drástico del Tribunal Constitucional. Desprestigiado por su composición marcadamente política, ahora el PP va a colocar en sus manos prerrogativas extraordinarias. La potestad de suspender a un presidente, incluso las elecciones, sin control, ni consulta, de ningún otro organismo. De este modo, el magistrado Francisco Pérez de los Cobos, activo militante del PP en su día, asume, como presidente, un poder casi omnímodo. Es lo que llaman política real.
No muy decentes son sus caminos, no. La corrupción anega este país. Nuevas revelaciones de los sumarios implican a altos cargos del PP, pasados y presentes. Ni en la "política real" de otros países pasarían como algo sin mayor trascendencia las revelaciones sobre nada menos que un presidente del Senado. Gravísima la indefensión que dicen padecer quienes denuncian corrupción. En el caso de Ana Garrido Ramos –que reveló la Gürtel- le ha supuesto perder casa, trabajo y salud. Y no es la única. Piden firmas para que una ley les proteja. Si esto no parecen técnicas mafiosas bien poco le faltan. Y asombra la tibieza de una sociedad que les deja solos.
En aras de la política real, Europa permite actuaciones cercanas al fascismo de Hungría con los refugiados. Han apaleado y gaseado a hombres, mujeres y niños y levantan un muro para detenerlos. Conserven la imagen por si un día tienen que aplaudir de nuevo su caída y lanzar fuegos artificiales. Si esta ideología se impone, igual, simplemente hay que vallar Europa entera por parcelas. Porque esta UE, este Parlamento, ha tenido el valor de callar ante el monstruo que crece en su seno cuando se permite condenar a gobiernos extranjeros como el de Venezuela. Es la política real. No hablemos ya de trasnochados, erráticos y patéticos ex presidentes españoles. Del PSOE procede, por el contrario, una petición para que la UE actúe contra Hungría.
Grecia vota este domingo. Tras haber sido chantajeado y ajusticiado su gobierno. Al punto de endurecer las condiciones del rescate por haber convocado un referéndum. No hay alternativa. Aprendan soñadores y "populistas" quién y porqué manda; para quién. La política real "alerta" –como escriben a diario sus cómplices-: quien pretenda un cambio no llegará a la meta. Si es preciso le rompen las piernas. Profecía autocumplida. Y eso es lo que la política real avala: que le rompan las piernas.
Tsipras ya va en silla de ruedas. Mientras el neonazismo de Amanecer Dorado recibe un complejo revitalizante: crece, como era de esperar, lo que no incomoda al mando neoliberal de Bruselas, visto lo visto.
Vuelve con fuerza, pues, y cada vez más sucia, la Realpolitik. El término que acuñó, casualmente, un alemán: Otto von Bismarck, el aristócrata a quien se considera padre de ese Estado. Hundiendo sus raíces en El Príncipe de Maquiavelo, se guía por el pragmatismo expulsando molestos principios filosóficos o morales. Bien diferente a la Ostpolitik, desarrollada por otro alemán: el socialdemócrata Willy Brandt. El diálogo, el acercamiento de posiciones la caracterizaba. Incluso a la otra Alemania que izaba muros de separación. Sería mejor guía para afrontar los retos que se nos presentan.
España y toda la congregación de notables –no sabemos aún estos a qué precio- han elegido la confrontación con Catalunya. Lo que la intransigencia previa propició. Son tales las coacciones que los votantes pueden confundir dignidad mancillada con secundar la "política real" catalana, similar a la del PP, que ha venido desarrollando el partido de Artur Mas. Déjenles votar tranquilos. Las amenazas empresariales forman parte del manual. Véase Escocia. Obren en conciencia y con lucidez. Si les parece y pueden.
Ateniéndonos tan solo a los grandes hitos de lo que llaman política real, observamos que van desde aumentar las desigualdades a gasear niños. De amenazas sin fin, de la imposición del miedo. De manipulaciones y complicidades. De mirar para otro lado. De alterar normas, de romper piernas para concluir: ¿ves? ya te dije que no llegarías.
Pero se les ha abierto una importante brecha. El laborismo británico ha decidido elegir para dirigirles a un ser tan insólito como un laborista auténtico, alarmando a los Cameron del mundo que temen por sus seguridades. Otro llanero solitario, en montura demócrata, Bernie Sanders, irrumpe en los Estados Unidos de América apelando al fin de la intolerable desigualdad. Varoufakis y algún otro colega griego aún se mantienen en pie y bien firmes. Alienta la izquierda en Francia o Italia y resurge el veterano socialdemócrata alemán Oskar Lafontaine. Y todos ellos firman Un Plan B para Europa. Tampoco han doblegado a las alternativas españolas al neoliberalismo feroz pese a los múltiples zancadillas y puntapiés. No son muchos, pero de hecho, la ola "radical" asusta a los del todo atado y bien atado.
Nada más irreal, arbitrario e injusto que lo que llaman política real. Desconfíen de sus colaboradores y sicarios: sí se puede. Y, si parece que no se puede, es por ellos; por sus denodados esfuerzos para que no se pueda.
Rosa Maria Artal es periodista y escritora, autora de lbiros
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Los ves bajar de la barcaza, llorando, ateridos de frío y miedo. Padres y madres que cargan a sus hijos. Mujeres entradas en años, obligadas a afrontar el riesgo de un viaje incierto por huir de una vida aún peor. Ancianos que han de ser sostenidos por otros para caminar. Los propios chiquillos que han ofrecido una cadena de expresiones con todos los registros, hasta llegar al cuerpo inerte del niño-niño como dormido en la derrota que no le permitirá despertar jamás.
Algunos, los más jóvenes sobre todo, muestran alegría en las metas superadas. Pero todos ellos han de sortear después el calvario que la Unión Europea y algunos países en particular les deparan. Desde alambradas con cuchillas -de fabricación española, por cierto- a engaños y encierro. Y cuando casi vislumbran la meta les levantan una barricada más. Tenemos las retinas llenas de sus caras, su dolor, sus carreras, su resolución. Son una evidencia que sacude la infinita hipocresía de Europa, una conmoción para las conciencias, si se tienen. Europa se derriba a sí misma al hundir Schengen.
Es posible advertir a los periodistas que trabajan sobre el terreno -salvo la desnaturalizada húngara Petra Laszlo cuyas excusas no cuelan- sobrepasados por la magnitud de la tragedia. La Europa de la austeridad ha resucitado hasta los campos de concentración para recluir a los enemigos… de la codicia, a sus víctimas hoy más ostensibles. Una doctora española cuenta a Ana Jiménez de TVE que los centros de internamiento -de reclusión en realidad- de Hungría están peor dotados y atendidos que los de África. Olga Rodríguez aguanta el tipo para describir el trato inhumano que reciben: como animales. Como piara de cerdos, sí, les echan comida guardias húngaros al servicio del gobierno ultraderechista de Viktor Orban. Gobierno votado en las urnas, naturalmente, por individuos con ese derecho.
Hungría lidera el fuerte impulso de algo que se parece extremadamente al fascismo y varios países cercanos se están situando en la misma órbita. Este martes pone en vigor una ley más del corte autoritario que le caracteriza y que le permitirá hasta encarcelar emigrantes. Y así vemos a la embajadora húngara en España declarar en La Sexta Columna, de A3Media, que les preocupa "la composición étnica de Europa". La malcarada, agria y soberbia representante de un país casi irrelevante en la cada vez más irrelevante Unión Europea se permite situarse como modelo étnico y decidir quién lo cumple y quién no. Asombra la desproporcionada autoestima de esta gente que se cree superior a otros. Y el peligro que entraña la defensa de esa pretendida pureza racial con estos métodos. El fantasma de los años 30´revive tal cual.
Orban, el amigo de Aznar, "preocupa desde hace tiempo en Europa", dicen, pero no han movido un dedo para pararlo. Ni uno. La mano, para darle palmaditas en la espalda. Grecia es ejemplo de que, cuando el mando en Bruselas quiere ejecutar y castigar a alguien, lo hace sin la menor contemplación. Claro que solo es cuando adeuda dinero, no derechos. Marine Le Pen y Sarkozy en Francia, los ultras de los países nórdicos que se adueñan de las encuestas, Cameron que ha salido del armario de derecha radical con su mayoría absoluta, el PP español al que el húngaro considera su mejor aliado… Ya están aquí. Parecía una broma –el efecto Godwin, decían- y los tenemos tomando decisiones. Y ganando poder por días.
Los que más asusta son ciertos especímenes humanos. Los que pegan y prenden fuego a refugiados, y los que preparan las hogueras. "Yo esto de los refugiados lo arreglaba fácil: cuatro bombas y fuera. Total se están matando en sus países", escuché decir con mis propios oídos al conductor de un microbús, jaleado previamente por un grupo de mujeres ignorantes y racistas. Escenas como ésta se suceden y cualquiera las relata.
De nada les valen los convenios internacionales, todas las normas que Europa está incumpliendo con los refugiados o la escasa proporción de su número: los llegados entre 2014 y 2015 suponen el 0,065 de la población de la UE. Políticos sucios y periodistas a su servicio con el mismo tizne lanzan y recogen la cuerda para identificar migrantes con terrorismo. Cuando hasta Alemania ha negado esa relación. Todo argumento es inútil si el racismo anida en esos seres embrutecidos y oscurantistas.
La derecha neoliberal, más o menos xenófoba, controla el temario del debate en favor de sus intereses de poder y económicos. Han logrado colar el discurso que les conviene y, en lugar de estar hablando de por qué se permiten campos de concentración en Europa y la violación de los derechos humanos, se induce la asociación de migrantes con terrorismo. Pura técnica goebbeliana en la que caen hasta periodistas bienintencionados.
El PP ha pedido defender a la industria armamentística y lo que ellos entienden por informar a los ciudadanos de los beneficios que produce la investigación en este terreno. La investigación y las ganancias empresariales que cuida con esmero el Ministro Morenés. No necesitan fingir. Esta es la hipocresía europea, dado que los principales vendedores de armas están aquí y en EEUU y esas armas han servido en algunos casos para violar derechos humanos. En países de los que, como Siria, ahora huyen los ciudadanos. Sus votantes no se lo cuestionan.
Crecen los pobres y los multimillonarios. Para eso se gobierna. El último informe de Intermon Oxfam así lo demuestra una vez más. Los recortes y la política fiscal tienen una influencia directa en el aumento de la desigualdad. Y, tras comprobar sus resultados, los presupuestos 2016 ahondan en la misma dirección, según la ONG. En España se han duplicado los multimillonarios y ya hay tres millones de pobres. Más del 50% de los hogares no llega a fin de mes. Un lector comento: "Y ahora encima los sirios". No acabemos con este atropello que me quita lo mío para aumentar el lujo de unos pocos, no: los sirios. Baja la cerviz y calla: que paguen los sirios. Hasta que la voracidad de la codicia y la hipocresía lleve la emigración a su puerta.
La muerte de Aylan, los ahogados de cada día, las decenas de criaturas arrastradas por los caminos, las vallas, las terribles escenas que muestran los informativos, han cambiado la percepción de otras muchas personas. Por eso, algunos políticos –como el PP de las alambradas con cuchillas y de los muertos de Ceuta- se mueve internando contentar a las distintas sensibilidades. A los racistas y a quienes les incomoda lo que ocurre.
Preocupa en la ultraderecha de la UE "la composición de la etnia europea" Y la Hungría que cierra caminos, encarcela migrantes y los trata como animales es la que, según parece, se ha arrogado el derecho de repartir los carnés de pureza étnica. Y todavía hay quienes piensan que no pasa nada.
Miles de personas están saliendo a la calle en apoyo de los refugiados políticos y económicos. Varias ciudades toman la iniciativa para crear una red de acogida,desde Barcelona a París. Organizaciones No Gubernamentales piden a Europa que cumpla, los desplazados no pueden esperar. La gran esperanza, la única, es que estas mareas muevan a la Europa que se unió –aunque como alianza económica- precisamente para combatir el fascismo que desintegró sus pueblos, el que está volviendo a arraigar en ella. El ascenso del fascismo es hoy uno de nuestros más graves problemas.
Rosa Maria Artal es periodista escribe normalmente en su blog ElPeriscopio y en diarios como eldiario.es
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